El norte de la provincia de Santa Fe atraviesa una de las situaciones hídricas más críticas de los últimos años, tras una seguidilla de lluvias intensas que dejaron extensas zonas bajo el agua, miles de damnificados y graves consecuencias para la producción agropecuaria.
En pocas horas, se registraron acumulados superiores a los 200 milímetros en localidades como Reconquista, Vera y Avellaneda, lo que provocó anegamientos generalizados, viviendas inundadas y evacuaciones preventivas.
El impacto también se siente con fuerza en el sector rural: se estima que cerca de un millón de hectáreas permanecen inundadas, en un escenario que productores califican como de “extrema gravedad”. Los caminos rurales quedaron intransitables, hay rodeos aislados y crece el riesgo de mortandad de animales, lo que anticipa pérdidas económicas millonarias.
Las precipitaciones, que en algunos casos superaron los 300 milímetros en pocos días, saturaron los suelos y colapsaron los sistemas de drenaje, agravando la situación en una región con escasa pendiente y alta vulnerabilidad hídrica.
En paralelo, los operativos de emergencia se multiplican. Equipos municipales, bomberos y fuerzas de seguridad trabajan en la asistencia a familias afectadas, el traslado de personas evacuadas y el rescate de animales atrapados por el avance del agua.
El fenómeno mantiene en alerta a las autoridades, ya que los pronósticos anticipan nuevas lluvias en los próximos días, lo que podría profundizar la crisis. En ese contexto, crecen los reclamos por la declaración de emergencia agropecuaria y la implementación de medidas urgentes para mitigar el impacto económico y social.
Mientras tanto, el norte santafesino sigue bajo el agua, con un escenario incierto y el temor de que las inundaciones continúen agravándose.