RAFAELA NOTICIAS asistió a uno de los ensayos de la comparsa Anyalí, que se prepara con entusiasmo para decir presente en una nueva edición de los Carnavales Rafaelinos. La cita es en el espacio verde del barrio Barranquitas, en la intersección de Bv. Lehmann y Abele, donde cada noche la música, el baile y la alegría le ganan terreno al cansancio y al calor del verano.
Allí, entre bombos, repiques y pasos de baile, se mezclan generaciones, historias y realidades distintas que confluyen en un mismo objetivo: vivir el carnaval como una fiesta popular, inclusiva y comunitaria.
Carolina Plotino, directora general de la comparsa Anyalí, contó que la agrupación lleva seis años de trabajo y que para esta edición del carnaval rafaelino se está preparando una puesta en escena de gran magnitud.
“Vamos a salir unas 120 personas de la comparsa y se suman los chicos del merendero Botoncitos de Colores, así que en la noche del carnaval va a haber una escena de alrededor de 200 integrantes acompañando a Anyalí”, explicó.
Los ensayos se intensifican durante enero y febrero y, según relató Plotino, el trabajo es constante durante todo el año. “En estas últimas semanas estamos trabajando hasta tarde, de noche, a la madrugada. Nos levantamos y seguimos para llegar y dar lo mejor en nuestro carnaval”, señaló.
Un esfuerzo colectivo que se sostiene con trabajo propio
La directora también se refirió al enorme esfuerzo que implica sostener una comparsa: la confección de trajes, los instrumentos, los ensayos y los costos que eso demanda.
“Durante el año trabajamos con ventas y hacemos salidas privadas con un grupo de los más grandes. Así vamos juntando para poder vestirnos y participar del carnaval rafaelino, que es una sola noche, pero lleva muchísimo trabajo previo”, explicó.
Para Plotino, la comparsa es “alegría, pasión, dedicación y constancia”, aunque reconoció que no siempre es fácil sostenerla. Tras la pandemia, muchas comparsas desaparecieron. “En un momento éramos 12 o 15, hoy quedamos solo cuatro. Es una cuestión cultural y también económica, porque no es fácil mantener una batería, los instrumentos y todo lo que se necesita”, afirmó.
Anyalí ensaya en distintos puntos de la ciudad. Además de Barranquitas, también lo hace en el barrio 2 de Abril, para facilitar la participación de los más chicos.
“Por suerte acá nunca tuvimos una queja de los vecinos. Siempre nos recibieron bien. Dividimos los días y los lugares para que todos puedan participar, sobre todo los chicos más chiquitos”, explicó Carolina, y destacó el valor social de la comparsa: “Es una oportunidad para que los chicos estén acá, contenidos, haciendo algo lindo y no en la calle. Acá no se les cobra nada, es como un deporte gratis y una ayuda desde lo que podemos”.
El merendero Botoncitos de Colores, por primera vez en el carnaval
Una de las grandes novedades de este año es la participación de los chicos del Merendero y Comedor Botoncitos de Colores, del barrio Italia.
Carla Rodríguez, referente del espacio, expresó la emoción de sumarse por primera vez a los Carnavales Rafaelinos. “Los niños quieren participar y estamos muy contentos, con mucho entusiasmo y también con nervios. Gracias a Carolina Plotino y a toda la batucada por hacer realidad los sueños de los chicos”, dijo.
El merendero funciona desde hace casi cinco años y asiste a unos 70 u 80 niños, con meriendas, viandas, talleres, clases de apoyo y trabajo con las familias. “Esto es una oportunidad enorme, es la alegría de ellos y cumplirles el sueño de estar en el carnaval”, remarcó Rodríguez.
Los chicos, protagonistas del carnaval
Durante el ensayo, RAFAELA NOTICIAS dialogó con varios de los chicos y chicas que formarán parte de la comparsa. Algunos están dando sus primeros pasos en el baile, otros ya tienen experiencia y enseñan a los más pequeños. Hay pasistas, bailarines y músicos de distintas edades, unidos por las ganas de aprender y disfrutar.
María, de 7 años, contó que está aprendiendo a bailar; Sofía, de 15, le enseña y acompaña. Alma, de 10 años, será pasista y desfilará al frente. “Quiero que vaya mucha gente al corsódromo”, dijo con entusiasmo.
En la batería también hay historias que emocionan: Benjamín, Simón, Felipe y otros chicos que aprendieron solos, con amigos o con referentes de la comparsa, ensayan día a día para coordinar ritmos y sonidos.
“La comparsa es mi vida”
Facundo Toledo, director de la batería, lleva 15 años vinculado al carnaval y es quien enseña y acompaña a los más chicos. “Hay que tener paciencia y meterle. Ellos quieren aprender”, dijo, y resumió con una frase lo que significa la comparsa: “Es mi vida”.
A su lado, Juan Vera, diseñador, bailarín y acompañante desde hace más de una década, habló de la emoción que genera la comparsa: “Es una forma de distraerse, viajar, aprender y ayudar a las nuevas generaciones”.
Otro de los integrantes, conocido como “El Oso”, recordó que empezó a los 7 años y que el carnaval es “una pasión que no se puede explicar con palabras”.
En cada ensayo de Anyalí se respira algo más que música y baile. Hay contención, aprendizaje, compromiso y un fuerte sentido de pertenencia. En un contexto donde sostener espacios culturales se vuelve cada vez más difícil, la comparsa resiste y crece, apostando a los chicos y al trabajo colectivo.
Los Carnavales Rafaelinos ya se sienten en los barrios, y Anyalí promete una noche llena de color, ritmo y emoción, con el corazón puesto en cada paso y en cada golpe de tambor.