El economista Matías Battista analizó la baja de tasas y el giro en la estrategia oficial. Señaló que podría aliviar la actividad, pero advirtió sobre incertidumbre en consumo, créditos e inflación.

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El plan económico del gobierno de Javier Milei atraviesa una nueva etapa marcada por la baja de tasas de interés y un giro en la estrategia para contener la inflación, en un contexto donde crecen las dudas sobre el impacto en la actividad económica. La decisión de relajar el esquema monetario refleja un cambio de enfoque: ya no se apunta a una baja inmediata de la inflación a niveles cercanos a cero, sino a un proceso más gradual. En ese marco, comienza a ganar terreno una mirada que prioriza sostener la actividad económica, incluso si eso implica convivir con niveles de inflación más altos en el corto plazo. Este movimiento se da luego de meses de fuerte ajuste que impactaron en la industria y el comercio, generando una caída en la actividad. La reducción de tasas aparece así como un intento de descomprimir ese escenario, aunque su efectividad aún es incierta. Uno de los factores que podría jugar a favor del Gobierno es el ingreso de divisas del sector agroexportador. Se espera que en los próximos meses ingresen alrededor de 14 mil millones de dólares por la liquidación de la cosecha, lo que permitiría sostener la estabilidad cambiaria mientras se flexibilizan algunas variables del programa económico. Sin embargo, todavía no está claro si estas medidas se traducirán en una mejora concreta para la economía cotidiana. La posibilidad de que haya más dinero en circulación o una recuperación del consumo dependerá de cómo evolucione la política monetaria en las próximas semanas. En paralelo, la baja de tasas no necesariamente implicará un acceso más fácil al crédito. Los altos niveles de morosidad siguen siendo un condicionante clave para el sistema financiero, lo que limita una reducción significativa en el costo de los préstamos. En cuanto a la inflación, las proyecciones indican que continuará en niveles moderados pero lejos de cero en el corto plazo. Marzo, por ejemplo, se perfila como un mes con subas por encima del 3%, impulsadas por aumentos en rubros como combustibles. En este escenario, también se abre un debate más amplio sobre el modelo económico y las condiciones que llevan a que producir en el país resulte menos competitivo que en otros mercados. A pesar de las dificultades, Argentina cuenta con factores que podrían impulsar el crecimiento en los próximos años, como el desarrollo energético de Vaca Muerta, que posiciona al país como un potencial exportador de gas y petróleo. El desafío estará en cómo se aprovechan esas oportunidades y qué políticas se implementan para sostener el desarrollo.

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