El economista Pablo Raviolo analizó el nuevo escenario económico y explicó por qué cada vez más empresas miran a Asia. Señaló que importar es una decisión clave para mejorar márgenes, pero requiere planificación y control.

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El economista especializado en retail Pablo Raviolo analizó el nuevo contexto económico y destacó que el cambio de políticas en Argentina abrió un escenario donde las importaciones ganan protagonismo. Según explicó, la mayor apertura impulsa a las empresas a revisar sus cadenas de suministro para ganar competitividad, en un mercado donde los márgenes son cada vez más ajustados.

En ese marco, sostuvo que China continúa siendo el principal proveedor global, con presencia en la mayoría de los productos que se consumen. “Es la fábrica del mundo”, resumió, y aclaró que no se trata solo de importar, sino de definir estratégicamente cómo y con quién producir. En este nuevo paradigma, incluso resulta más conveniente adquirir productos terminados en lugar de ensamblarlos localmente.

Raviolo remarcó que la cadena de suministro es el verdadero corazón del negocio. Incluye desde la selección de proveedores y la producción hasta el control de calidad y la logística. “El producto es la consecuencia final de todo ese proceso”, explicó, al tiempo que desmintió prejuicios sobre la calidad de los productos asiáticos: “En China hay distintos niveles, según lo que cada empresa esté dispuesta a pagar”.

El especialista también advirtió sobre errores frecuentes en empresas que comienzan a importar, como confiar únicamente en plataformas digitales sin verificar quién está del otro lado. En ese sentido, recomendó conocer las fábricas, realizar auditorías y contar con asesoramiento especializado para evitar estafas o problemas en la operación. “No se trata de comprar un producto, sino de elegir un socio estratégico”, señaló.

Por último, subrayó que entender todos los costos involucrados es clave para la rentabilidad, ya que el precio inicial no contempla impuestos, logística ni otros gastos. En ese sentido, dejó una definición: “El margen no se vende, el margen se compra. No gana el que más importa, sino el que mejor entiende cómo hacerlo”.

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