La industria manufacturera pyme atraviesa uno de los períodos más prolongados de retroceso de las últimas décadas. Según el último informe de la Fundación Observatorio Pyme (FOP), el sector acumuló diez trimestres consecutivos de caída en su nivel de producción, una tendencia que se profundizó durante el tercer trimestre de 2025 y que comienza a dejar efectos estructurales sobre el empleo, la competitividad y la situación financiera de las empresas.
De acuerdo con el relevamiento, la producción industrial pyme registró una baja acumulada del 4,1% en los primeros nueve meses del año. No obstante, el dato más preocupante se observó entre julio y septiembre, cuando la actividad se desplomó 7,5% en comparación con el mismo período de 2024. Este desempeño se dio en un contexto de debilidad del mercado interno y mayor competencia de productos importados.
El informe advierte que la apertura comercial, combinada con un consumo interno retraído, incrementó la vulnerabilidad de las firmas locales. En ese marco, el 37% de las pymes industriales afirmó haber reducido su participación en el mercado doméstico frente al avance de bienes importados, un porcentaje que supera el 33% del trimestre previo y que representa el nivel más alto de la serie histórica iniciada en 2007.
Según la FOP, la amenaza importadora tiene un origen claramente definido: China concentra el 73,3% de las respuestas entre las empresas que identifican competencia externa directa. Esta presión se intensifica en un escenario de bajo dinamismo de las ventas y escasa capacidad para sostener precios.
Las expectativas empresarias tampoco ofrecen señales de alivio en el corto plazo. El PMI-PyME, indicador que anticipa la evolución de la producción, descendió a 43 puntos, siete por debajo del umbral que separa expansión de contracción. En paralelo, el Índice de Confianza Empresarial Pyme cayó a 44 puntos. Para la Fundación, ambos indicadores confirman la continuidad de la fase recesiva, en un contexto donde las empresas enfrentan dificultades para trasladar aumentos de costos sin afectar aún más el volumen de ventas.
La rentabilidad aparece como uno de los principales focos de tensión. Mientras el 81% de las pymes reportó incrementos en sus costos de producción, solo el 47% logró trasladarlos a precios finales, lo que genera una fuerte compresión de márgenes y compromete la sustentabilidad de las firmas con menor respaldo financiero.
La recesión también impacta de lleno en la cadena de pagos. El 52% de las empresas señaló retrasos en los cobros por parte de sus clientes, una situación que se replica en sus propias obligaciones. En ese sentido, el 35% declaró dificultades para cumplir con pagos a proveedores, compromisos bancarios y cargas tributarias, reflejando un deterioro significativo de la situación financiera del sector.
Incluso actividades que habían mostrado mayor capacidad de resistencia comienzan a evidenciar señales de agotamiento. El sector de software y servicios informáticos registró en el tercer trimestre una caída interanual del empleo del 0,8%, la primera desde la salida de la pandemia. Si bien la mayoría de las empresas aún reporta aumentos en las ventas, el ritmo de crecimiento se desaceleró y la confianza empresarial se ubicó en el nivel de “indiferencia”, afectada por una percepción negativa de las condiciones actuales, según destacó el Observatorio Pyme.