Irán anunció la reapertura total del estrecho de Ormuz al tránsito internacional de buques mientras se mantenga el alto el fuego en Líbano, en un movimiento que busca aliviar la presión sobre una de las rutas energéticas más estratégicas del mundo.
La decisión se produce tras semanas de escalada militar entre Irán, Estados Unidos e Israel, que derivaron en bloqueos parciales y un fuerte impacto en el comercio global de hidrocarburos. El estrecho, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial, se había convertido en un punto crítico del conflicto, generando temores de una crisis energética internacional.
El anuncio iraní se interpreta como un gesto de distensión en paralelo a las negociaciones diplomáticas en curso con Washington. Sin embargo, la situación sobre el terreno sigue siendo volátil. Informes recientes señalan que, pese a la tregua, persisten maniobras militares, controles navales y tensiones entre las partes involucradas.
Además, el alto el fuego en la región muestra signos de fragilidad, con denuncias de violaciones apenas horas después de su entrada en vigor, lo que pone en duda su sostenibilidad.
En este contexto, la reapertura de Ormuz podría contribuir a estabilizar temporalmente los mercados energéticos —que ya reaccionaron con caídas en el precio del petróleo—, pero analistas advierten que la incertidumbre geopolítica sigue siendo elevada y cualquier ruptura de la tregua podría reactivar el bloqueo y agravar la crisis global.