Uno de los capítulos más llamativos de la causa que investiga al “trader” Agustín Schiro Avaro tiene como protagonista a un reconocido empresario de Rafaela, quien habría sido estafado en una suma cercana a los 400 mil dólares en el marco de una supuesta operación inmobiliaria.
Según se ventiló durante la audiencia de medidas cautelares, el imputado —junto a otra persona— le ofreció participar de un negocio vinculado a la compra-venta de un campo valuado en 5 millones de dólares. La propuesta consistía en que el empresario aportara poco más de 300 mil dólares para completar la operatoria y, una vez concretada, recibiría el capital invertido más una ganancia de 20 mil dólares.
Para avanzar con el acuerdo, las partes viajaron hasta la localidad de Pilar, en la provincia de Buenos Aires, donde supuestamente se concretaría el encuentro con los compradores, presentados como inversores extranjeros. Sin embargo, el desarrollo de los hechos tomó un giro inesperado.
De acuerdo al relato expuesto por el fiscal Guillermo Loyola, los supuestos inversores informaron que trasladaban el dinero —los 5 millones de dólares— dentro de una caja fuerte en una camioneta, pero argumentaron que no podían llegar al lugar pactado. Por ese motivo, cambiaron el punto de encuentro a un departamento en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Ya en ese lugar, el grupo rafaelino aguardaba en un bar frente al edificio señalado. Allí observaron la llegada de los presuntos inversores, quienes descendieron con la caja fuerte. No obstante, siempre según lo expuesto en audiencia, Schiro Avaro les indicaba que mantuvieran la cabeza baja para no ser vistos, ya que —según les decía— la operación podía frustrarse si los extranjeros advertían que estaban siendo observados.
Posteriormente, ingresaron al departamento, donde la caja permanecía cerrada. En ese momento, los supuestos inversores exigieron un pago adicional de 60 mil dólares para revelar la contraseña que permitiría abrirla.
Ya de regreso en Rafaela y ante las crecientes sospechas, el empresario junto a otras personas decidió abrir la caja fuerte utilizando herramientas de corte. El resultado confirmó las sospechas: en su interior no había dinero, sino papel picado, paquetes de fideos y fotocopias de billetes.
El episodio fue expuesto por la Fiscalía como uno de los ejemplos más gráficos de la modalidad de engaño que se investiga en la causa principal, que ya cuenta con al menos 12 víctimas y un perjuicio económico millonario.