Caía la tarde en Rafaela y el sol pintaba de naranja el frente de Tribunales. En la calle, una treintena de policías fortificaron las inmediaciones, mientras los vecinos y transeúntes se mostraban desconcertados por el espectáculo nunca antes visto.
La Jueza Cristina Fortunato llegó escoltada por dos agentes armados con ametralladoras. Mientras que los Fiscales Gabriela Lema, Fabiana Bertero y Nicolás Stegmayer arribaron con una escolta de la Brigada Motorizada y un patrullero.
Pero adentro era lo importante. 11 personas estaban sentadas en el banquillo de los acusados, a quienes la Fiscalía les endilgaba formar parte de una “asociación ilícita dedicada a cometer hechos violentos en Rafaela”.
El cabecilla es (al menos para el MPA) Evelio “Yiyo” Ramallo, que logró consolidar su negocio con aprietes, balas y sangre. (Pero su ocupación no es el negocio de la violencia. El dinero proveniente del narcotráfico es su principal fuente de ingresos).
Debajo de él, estaban su madre, una hermana y su pareja. Más otros cinco integrantes (entre los que estaban dos ex parejas de Ramallo). Cada uno con un rol específico, ya sea para administrar el dinero, comprar las armas, conseguir la movilidad y “aguantar” a los que después jalaban del gatillo (que a veces no eran de Rafaela, sino que llegaban “a pedido”) como así también actuar como “marcadores” de las víctimas.
¿Quiénes eran los tiratiros? Algunos estaban sentados en la sala. Otros venían de alguna otra ciudad. Pero también Ramallo recurría a algunos nombres de adolescentes conocidos: Kevin C. Laureano A. y Tomás L. aparecieron como ejecutores de sus órdenes en la balacera e intento de secuestro en calle Matheu, el ataque sicario en Bella Italia, la balacera contra un joven en calle Cerdán al 1900 o el intento de asesinato registrado en calle Gardel al 500.
¿Sólo pegaban tiros? No todos tenían “un día de suerte”, como le dijo el propio Ramallo a una de sus víctimas en uno de los tantos mensajes intimidadores que enviaba desde la cárcel.
Lionel Rudy González murió después de que le dispararan 5 tiros con una 9 mm en barrio Mora. Meses después Miguel Mendoza y Marcelo Sánchez eran acribillados en barrio Italia cuando una moto interceptó el auto en el que se desplazaban y los ejecutaran a sangre fría. Todas las muertes se las atribuyeron a órdenes de “Yiyo”.
La audiencia ventiló también algunas prácticas de la banda, como, por ejemplo, que las víctimas entregaran sumas de dinero en moneda extranjera, vendieran droga para él o que les entregaran las escrituras de la casa y bienes. Una práctica que ya se vio en Rosario a manos de los Monos y bandas similares.
¿Todo para qué? Consolidar su liderazgo dentro del narconegocio, que en Rafaela mueve cifras millonarias.
Tal vez esta audiencia sirva como punto de partida para develar la pregunta ¿Quién está más arriba de él?