En una audiencia realizada en los Tribunales de Rafaela, la fiscal Analia Abreu imputó a Cristian Pacheco por el delito de “robo calificado por uso de arma”. Según la acusación, el 17 de septiembre habría ingresado armado a un comercio de calle Balbi al 2100, donde le robó el celular a una empleada de 17 años. La funcionaria del Ministerio Público de la Acusación sostuvo que Pacheco actuó junto a un cómplice, quien lo llevó en moto hasta el lugar y luego lo esperó para huir juntos.
Sin embargo, las pruebas aportadas por la defensa pública a cargo de la Dra. Amalia Cassina y el testimonio de la madre de la víctima pusieron en jaque la teoría fiscal. Tanto fue así que el juez, Dr. Gustavo Bumaguín, señaló que la acusación era “bastante endeble”.
La defensa tomó como clave dos evidencias que surgen de los videos del hecho. Por un lado, en las imágenes se observa que el autor del robo tiene un tatuaje en una de sus manos, algo que Pacheco no posee. Por otro, la moto utilizada presenta rayos, mientras que la secuestrada en el allanamiento a Pacheco tiene ruedas de aleación. Además, el celular sustraído fue llevado al día siguiente a reparar a un local de celulares por un hombre alto y con casco, quien incluso intentó venderlo. Para la fiscal, ese sujeto era el propio Pacheco. No obstante, un testimonio ubicó a esa persona en el negocio cerca de las 13, cuando el imputado ya estaba detenido desde las 11.
Otro punto que debilitó la acusación fue el relato de la madre de la víctima, que habló en representación de su hija por ser menor. La mujer aseguró que la adolescente nunca señaló directamente a Pacheco, sino que identificó al ladrón como alguien conocido por la voz y la altura. Explicó que recién luego de la viralización del video en el barrio algunos vecinos le dijeron que se trataba de él, lo que habría influenciado en el relato de su hija. “Mi temor es que esté pagando por algo que no hizo”, dijo la mujer, y definió al imputado como “un chico respetuoso”.
El propio Pacheco también declaró y se declaró inocente. Relató que al enterarse de los rumores en el barrio que lo señalaban, fue primero a hablar con la víctima al negocio y luego se entregó voluntariamente a la PDI, negando cualquier intención de fugarse o intimidar.
Con estas evidencias, y en esta instancia de la investigación, el juez Bumaguín resolvió otorgarle la libertad a Cristian Pacheco, imponiéndole la obligación de fijar domicilio y la promesa jurada de someterse al proceso.