En una entrevista contundente, el dirigente vecinalista Barreiro explicó el alcance real de los fondos que generaron polémica con el Ejecutivo municipal y aseguró que el debate de fondo no es presupuestario sino político: la discusión entre la discrecionalidad en el manejo de recursos públicos y la autonomía del vecinalismo.
Fondos específicos para salones vecinales
Barreiro aclaró que el dinero aprobado por el Concejo no está destinado a las comisiones vecinales ni a la Federación de Vecinales, sino exclusivamente al sostenimiento de los salones vecinales. Se trata de una partida mensual de hasta ciento noventa y un mil pesos por salón, para un total de treinta y cinco espacios, destinada a cubrir gastos básicos como energía eléctrica, gas y limpieza, siempre bajo el sistema de contrafactura.
"No es dinero para el vecinalismo en general ni para la Federación. La Federación no ve un solo peso", subrayó.
La reacción del Gobierno y el eje del conflicto
Según Barreiro, la reacción del Ejecutivo se explica porque esos recursos —unos ochenta millones de pesos anuales— limitan la posibilidad de manejo discrecional. "El gobierno está enloquecido porque de noventa mil millones hay ochenta millones que le molestan", afirmó.
En ese sentido, sostuvo que mientras el grueso del presupuesto permite decisiones sin mayores controles, estas partidas específicas obligan a dar explicaciones claras sobre el destino de los fondos públicos.
Qué pasó con los fondos del año pasado
El entrevistado recordó que en el ejercicio anterior se habían presupuestado ciento un millones de pesos para el arreglo de edificios vecinales, pero que solo se ejecutaron dieciocho millones. El resto, según enumeró, quedó asociado a obras inconclusas o directamente no realizadas, como reparaciones de techos en distintos salones vecinales.
Además, indicó que parte de esos recursos fueron redirigidos a otros destinos, como el Complejo Ambiental, la Antena Comunitaria y la Asociación Piedmontesa. "No tengo nada contra Piedmontesa, al contrario, pero eso no es vecinalismo", aclaró.
Presupuesto 2026: menos fondos y falta de explicaciones
Barreiro también cuestionó el presupuesto previsto para este año, que asigna apenas veintisiete millones de pesos para las vecinales. A su entender, ese monto no alcanza ni siquiera para tareas básicas de mantenimiento.
"No lo dicen, no salen a explicar qué hicieron con los ciento un millones del año pasado ni por qué ahora presupuestaron solo veintisiete", remarcó.
Según explicó, ese número surge de un simple "refrito" presupuestario: se tomó como base lo efectivamente gastado —dieciocho millones— más otros ocho coma siete millones vinculados a facturas expresas, sin una planificación real ni una mirada estratégica.
Discrecionalidad versus autonomía
Para Barreiro, la discusión central es política. De un lado, la discrecionalidad, que —según describió— habilita prácticas clientelares, sueldos encubiertos, dispersión de partidas e incluso posibles hechos de corrupción. Del otro, el fin de esa discrecionalidad, que implica publicidad de los actos, previsibilidad y autonomía para las vecinales, independientemente del gobierno de turno.
"Esto no es contra este gobierno en particular, porque siempre se hizo así. Pero hay que terminar con esa lógica", sostuvo.
Llamado a la unidad del vecinalismo
En otro tramo de la entrevista, Barreiro llamó a fortalecer la unidad del movimiento vecinalista, más allá de las diferencias internas. Cuestionó a quienes critican a la Federación de Vecinales sin participar de los espacios institucionales y habló de "servilismo" basado en la ignorancia o el interés personal.
También señaló que existen dirigentes que aspiran a beneficios personales o sueldos, y recordó que el actual gobierno se negó a modificar la ordenanza de vecinales, a diferencia de otras ciudades donde las vecinales gestionan obras públicas, definen prioridades y llevan adelante procesos como el registro de oposición.
El desafío a futuro
Barreiro concluyó que el vecinalismo enfrenta una encrucijada: crecer, ganar autonomía y protagonismo real, o quedar subsumido en una lógica clientelar y como apéndice de los partidos políticos. "Todo depende del compromiso de los vecinos, que son quienes finalmente sostienen o no a las vecinales", cerró.