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El Municipio de Rafaela anunció la fecha para los Carnavales Rafaelinos 2025, que se realizarán el 2 de marzo y volverán a las calles tras la edición del año pasado en el Anfiteatro Alfredo Williner. Aunque aún no se ha definido el lugar exacto, desde la organización se adelantó que "esta edición será distinta, con un escenario pensado para la familia y las infancias, además de un pequeño corsódromo para la comparsa central".

Sin embargo, el panorama de las agrupaciones locales vinculadas al carnaval refleja una crisis evidente. Este año, las únicas agrupaciones confirmadas son la comparsa Anyelí, la batucada Trenta Huen y las murgas Delirio de Febrero y La Mistonga.

Lejos quedaron los años en que Rafaela contaba con una vibrante comunidad carnavalera. A fines de los 90, la ciudad llegó a tener alrededor de 12 comparsas y batucadas activas. Incluso en 2019 había ocho agrupaciones. En el caso de las murgas, en 2018 coexistían cuatro porteñas más "La Mistonga", de estilo uruguayo. En la actualidad, el panorama es mucho más reducido: "Delirio de Febrero" resulta de la fusión de las murgas porteñas y "La Mistonga" sigue como la única uruguaya. Entre comparsas y batucadas, solo quedan Anyelí, Quimey y Trenta Huen Base.

 

 

 

 

 

 

La desaparición de Kimbará: un reflejo de la crisis

 

 

 

 

Maximiliano Falcone, quien fuera representante de la comparsa Kimbará, explicó los motivos que llevaron a la agrupación a abandonar la actividad en 2021. "El tema económico nos liquidó. Mantener una comparsa es muy caro. Los subsidios que recibíamos no alcanzaban ni para cubrir el 30% de los gastos, y el resto salía de nuestros bolsillos", relató.

Según Falcone, gran parte de los integrantes eran jóvenes estudiantes, mientras que la carga económica recaía en un pequeño grupo de adultos que debían destinar parte de su sueldo personal para financiar trajes, instrumentos y transporte. "Un bombo, por ejemplo, hoy está en 200.000 pesos. Si necesitás cinco, es prácticamente imposible sostenerlo".

Relacionado a esto último otro factor que contribuyó a la crisis de las comparsas fue la falta de valorización del trabajo por parte de quienes contrataban sus servicios. "Muchas veces nos llamaban para eventos en otras localidades, como San Martín de las Escobas, pero cuando pasábamos un presupuesto que incluía transporte, comida para los integrantes y una mínima reserva para cubrir posibles daños en los instrumentos, les parecía caro. Querían que fuéramos prácticamente regalados, y así los números no daban", explicó Falcone, destacando cómo esta situación desalentó la continuidad de las agrupaciones.

Otro de los problemas señalados fue la falta de apoyo cultural. "Los carnavales, como se hacían antes, desaparecieron. Las comparsas ya no son una prioridad y tampoco hay incentivos para que los jóvenes se sumen", expresó Falcone. Agregando que el de Rafaela, supo ser el carnaval más convocante de la región, al cual "venía gente de afuera", lamentando lo que sucedió el año pasado cuando no hubo carnaval en las calles. "Sacar el carnaval de las avenidas hizo que las comparsas se desalentaran para seguir ensayando", opinó.

A esto se agrega la dificultad para encontrar espacios de ensayos adecuados. "Antes ensayábamos en plazas o en las calles, pero ahora no se puede por las denuncias de ruidos molestos. Los chicos no tienen horarios porque estudian o trabajan, y ensayar temprano es difícil por el calor o la falta de luz", explicó.

 

 

Un cambio de época y de prioridades

Por su parte, desde Quimey, una de las agrupaciones más longevas con 31 años de trayectoria, también confirmaron que no participarán este año en los carnavales rafaelinos. Entre los motivos, señalaron que cuentan con una base de 12 varones que tocan instrumentos y 4 bailarinas, lo que hace imposible cubrir el recorrido de un corsódromo. Por esta razón, se han limitado únicamente a participar en eventos privados, donde el espacio es reducido. Esta baja participación de personas en la compaersa se da en un contexto de falta de recambio generacional, desinterés de los jóvenes por estas actividades y el impacto de nuevas normas sociales que dificultan los ensayos al aire libre. Las comparsas y batucadas de Rafaela han dejado de ser un espacio comunitario en el que las familias participaban activamente. "Hoy los jóvenes tienen otros intereses y las familias no acompañan como antes".

Las dificultades para cubrir los costos, la ausencia de incentivos y los cambios en los intereses sociales han reducido significativamente las comparsas. Sin embargo, algunas agrupaciones logran resistir el paso del tiempo en Rafaela, impulsadas por la pasión, la autogestión y la convicción de sus integrantes sobre el importante rol social que desempeñan en la comunidad.

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