La tala de los añosos eucaliptos que se ubicaban en el sector de calzada natural de la avenida 500 Millas, en el barrio Malvinas, generó una ola de rechazos entre vecinos y también entre productores rurales. Sorpresivamente, en pocas horas fueron destruidos ejemplares de más de 50 años de vida, en un sector donde nadie creía necesario realizar semejante acción: la avenida es ancha, el proyecto de pavimentación podría haber previsto un cantero central -como la avenida ya tiene en el trayecto entre Roca y Donna- y los árboles pudieron ser protegidos.
Sin explicaciones previas ni anticipo -probablemente no se quiso "agitar el avispero", previendo reacciones negativas- alguno en relación con ello, los árboles fueron literalmente detonados. Las motosierras tampoco perdonaron algunos ejemplares ubicados más al Este, sobre calle Donna, donde está en ejecución la villa deportiva.
Si bien las obras de infraestructura urbana y deportiva que se están ejecutando son bienvenidas por la gran mayoría de los rafaelinos, a nadie le resulta comprensible -al menos sin que medien explicaciones que intenten justificar la acción- que justamente en el sector donde se proyecta un gran parque natural y ecológico que haga de entorno verde para las obras en marcha, se hayan cortado estos árboles tan añosos. Peor aún: hace unos meses, la empresa privada que participa en el proyecto de urbanización extrajo un casi centenario olivo de la intersección de 500 Millas y Salva -donde se ejecutará una rotonda- y con un importante operativo con camión y grúa, que demandó no poca inversión y el aporte de personas expertas en la materia, trasplantó el árbol en un predio con frente a calle Balcarce donde se hará un espacio verde recreativo. El contraste con lo hecho ahora no puede ser mayor.
¿Eran peligrosos los eucaliptos? ¿Podían provocar algún daño ante una tormenta fuerte? Si así se concluyó en la etapa de elaboración del proyecto, ¿por qué nunca se explicó ese problema?
Dura crítica de la Sociedad Rural de Rafaela
En la tarde de este viernes, fue la Sociedad Rural de Rafaela la que se expidió sobre el tema, con una crítica severa y recordando otras acciones similares. El documento difundido por la Rural plantea una advertencia sobre la pérdida sostenida de arbolado en distintos sectores de la ciudad y su área de influencia, en un contexto donde, según expresa la entidad, “Rafaela no dejó de perder árboles históricos, depredados en diferentes puntos de la ciudad”.
En ese marco, se mencionan intervenciones realizadas en los últimos años que implicaron la eliminación de ejemplares centenarios en sectores estratégicos. Entre los casos señalados se encuentran los “eucaliptos del cruce de la variante de la RN34 y la RP70”, que “fueron los que primero y en gran número se liquidaron, para hacer una curva que podría haberse adaptado a la ubicación de los ejemplares centenarios”. También se hace referencia a hechos ocurridos durante el verano anterior, cuando “otros dos fueron talados en un camino rural, para que una línea de electricidad no altere la mano por la que venía siendo extendida, en el límite con Bella Italia”.
El documento incorpora además lo sucedido recientemente con la ejecución de obras públicas vinculadas a eventos deportivos internacionales, donde “con la construcción de uno de los estadios para los Juegos Odesur, casi una decena de eucaliptus fueron aserrados en unas horas”. Si bien se reconoce que “un evento deportivo de tal magnitud es una buena noticia para la ciudad y un progreso para la región”, se aclara que “una acción no debe ir en detrimento de otra, menos aún de la naturaleza”.
El texto señala que el hecho fue advertido por “un productor agropecuario que trabaja en la forestación de su campo hace años”, quien observa cómo otros productores del distrito “ya invierten en la doble cortina forestal —que con gran apuro exige la Municipalidad para los campos del contorno de la ciudad— aunque muchos de los nuevos árboles sean robados después de ser plantados”.
Desde la entidad se expone que existe “un criterio diverso para atender las necesidades de los vecinos”, y se remarca que mientras “a viva voz se señala a quienes han forestado la pampa húmeda donde estamos viviendo”, en paralelo “en silencio se dispone del arbolado urbano y rural según convenga políticamente”, una práctica que, de acuerdo con el comunicado, “es penalizada para los ciudadanos comunes”.
Asimismo, se sostiene que “los estados tienen la potestad de deforestar a gusto, en nombre de la obra pública, de apertura de nuevos loteos, sin justificación, sin planificación”, y que en esos procesos “no se contempla la reposición de cada uno de los ejemplares que se liquidan”. En ese sentido, se advierte que cualquier medida correctiva futura llegaría tarde, ya que se trata de “una acción que llevará décadas enmendar”.
Finalmente, la declaración subraya que “el sector agropecuario trabaja cada día para producir más y mejores alimentos” y para cumplir con exigencias ambientales cada vez más estrictas, pero señala que “no podemos dar esa pelea —que es tan observada— si son los propios gobiernos los que incumplen con la tarea fundamental de velar por el patrimonio natural”. Con ese argumento, se solicita “saber las motivaciones, las razones de la falta de planificación y alternativas”, y se concluye con el pedido de que “los estados dejen de atentar contra el patrimonio natural sin miramientos”.