La historia de Federico Toledo, el niño rafaelino de casi cuatro años que lucha día a día contra la Lipodistrofia Congénita, volvió a movilizar el corazón de toda una comunidad. Gracias a la solidaridad de muchas personas y a un gesto desinteresado de una pareja que prefirió mantenerse en el anonimato, Fede ya tiene el coche especial que tanto necesitaba para poder descansar sin dolor.
Hasta ahora, Fede dormía en un cochecito prestado por el hospital, que con el paso del tiempo se volvió pequeño e incómodo. Su mamá, Noelia, había explicado que los hierros del asiento se le marcaban en la espalda, lo obligaban a dormir encogido y le generaban dolores intensos. Por eso, la familia emprendió una campaña para conseguir un coche más grande y firme que le permitiera descansar como merece.
Ese deseo ya es una realidad. Daniela y Rodrigo, quienes prefirieron no dar a conocer su apellido, se encargaron de comprar y donar el coche nuevo que Fede tanto necesitaba. “Lo regalaron de corazón”, contó emocionada Noelia. La imagen del nuevo coche llegó acompañada de una enorme gratitud a todos los que colaboraron con palabras de aliento, mensajes de apoyo o donaciones. “Siempre respondieron, siempre ayudaron. Estoy muy agradecida, gracias a Dios y a cada persona que se sumó”, expresó.
Sin embargo, el pedido de ayuda ha cambiado. En las últimas horas, los médicos le informaron a Noelia que Fede enfrenta una infección en la piel que podría complicar seriamente su estado de salud si no logra controlar la fiebre. La bacteria podría avanzar hacia el interior del cuerpo y, por su delicado cuadro, los profesionales advirtieron que no sería posible someterlo a tratamientos invasivos como canalizaciones o terapia intensiva.
“Me dijeron que si no se le baja la fiebre, esa bacteria se puede despertar y hacer desastre. No pensé que me iban a decir eso, me mató”, compartió Noelia, profundamente conmovida. “No lo quiero perder. Solo quiero pedir que recen por él. No quiero plata, no quiero nada. Solo oración”.
Hoy, más que nunca, la familia de Fede necesita el acompañamiento de todos. Ya no con dinero, sino con fe. Porque a veces, lo que más se necesita no se compra: se sostiene con amor, con esperanza y con la fuerza de una comunidad que no suelta la mano.