"Piensa mal y acertarás". La frase podría ser aplicable a lo sucedido en las últimas horas con la revelación que efectuó RAFAELA NOTICIAS: que hay al menos una familia de indigentes que se instaló en la Recova Ripamonti, montando una "ranchada" en uno de los sitios más emblemáticos -y al mismo tiempo más abandonados- de la historia de Rafaela . Si Faustino Ripamonti pudiera salir de la tumba en la que descansan sus restos, viendo en lo que se convirtió su imperio comercial de principios del siglo XX probablemente elegiría volver a su descanso eterno.
Argentina entera vive una situación de emergencia social cuyos alcances finales están todavía por verse. "La plata no alcanza" resume la situación de amplios sectores de la población que no alcanzan a cubrir sus necesidades básicas sin renunciar a cuestiones igualmente elementales, como pueden ser la renovación del vestuario personal o un tiempo dedicado al ocio y el esparcimiento. Por debajo de esas franjas de población que redujeron sus consumos diarios hay otra parte de la pirámide social, igualmente ancha. Para los habitantes de esa dimensión, "la plata no alcanza" significa mucho más que la privación del "lujo" de comprar una pilcha, renunciar a la prepaga o mirar pasar los feriados largos: significa no contar con un techo digno, porque no se puede pagar el alquiler y deambular en el día a día sin la certeza de "parar" la olla porque tampoco tiene siquiera la seguridad de acceder al agua y al pan de cada día.
Ignorar esa realidad sería de necios. Pero al mismo tiempo resultaría una ingenuidad considerar que no hay quienes aprovechan esa situación de indefensión para correr el arco en una cancha donde las soluciones a los problemas sociales parecen siempre estar inclinados a favor del contrario.
"Piensa mal y acertarás", otra vez.
Las preguntas incómodas
La intrusión en la Recova despierta muchos interrogantes, partiendo de algunas realidades insoslayables. El edificio está en ruinas desde hace muchos años, cada vez peor. ¿Justamente ahora, que se llamó a licitación para comenzar un proceso destinado a recuperar el uso de un espacio histórico de la ciudad, aparece una ranchada con indigentes adentro? ¿En pleno centro, frente a una joyería, a cien metros de la zona bancaria, frente a un Colegio privado, en lo que debe ser la zona más vigilada de la ciudad? ¿Nadie vio nada? Si ahí no vieron nada, es lógico que el vecino de Rafaela se sienta indefenso.
En cuestión de horas el lugar fue desalojado, porque por algo está vedada la circulación en esa zona: hay peligros de derrumbes, y de hecho hubo uno a principios del 2024 y si no hubo víctimas personales fue porque no había intrusos adentro. Más aún: cuando ocurrió aquél derrumbe, un alto funcionario de la actual administración pidió revisar los escombros antes de dejar entrar a cualquier máquina, por si se hubiera metido algún indigente en forma subrepticia.
Otra pregunta incómoda es qué pasó con el monitoreo y las cámaras. El CEMU tiene cámaras fijas en Yrigoyen y Belgrano. Pero el domo que se encontraba en la cabecera de avenida Santa Fe y que debió permitir observar la intrusión en forma inmediata ante un ojo alerta, ese domo ya no está porque la cámara se hallaba en la columna eliminada como parte del montaje del monumental escenario del Festival Palau. ¿También fue casualidad que la ranchada se instalara cuando ya la cámara no estaba?
Como símbolo de una realidad preocupante para Rafaela, la ranchada en la Recova tiene un sinfin de lecturas. Muestra la peor cara del drama social a la vista del despacho del intendente, a pasos del altar del obispo de la Diócesis, a una cuadra de la sede del Centro Comercial e Industrial y en la misma zona donde hace unos días nada más se montó un espectáculo cultural-político-religioso de enorme despliegue económico, que se pareció mucho más a una demostración de músculo (incluida una polémica incursión en las escuelas de barrios alejados del centro) que a un llamado a la espiritualidad solidaria de los vecinos.
La realidad golpeó de una forma inesperada, podría decirse. A la pobreza se la puede esconder en las estadíscias y en los discursos. A veces, como sucedió hoy, se muestra a cielo abierto, a la vista de todos. Mientras la mayoría de la dirigencia local -¿también la mayoría de la sociedad rafaelina?- finge demencia, la miseria de los bordes vino a instalarse en el centro más centro.