Con emoción y aplausos, los fieles de Rafaela celebraron el Jubileo de matrimonios y adultos mayores. Monseñor Torres recordó que la esperanza abre el corazón y lo mejor de la vida siempre está por venir.

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La Diócesis de Rafaela vivió este domingo 12 de octubre un momento de profunda comunión y fe en el marco del Jubileo de los matrimonios y adultos mayores, en el que cientos de familias se congregaron frente a la Catedral San Rafael para celebrar la vida, la esperanza y el amor que une a la comunidad cristiana. La jornada formó parte del Año Jubilar de la Esperanza convocado por el Papa Francisco, que a lo largo de 2025 invitó a la Iglesia a reconocer y agradecer cada etapa de la vida.

 

La celebración comenzó a las 17 horas en el Colegio San José, donde los adultos mayores participaron de un encuentro animado con actividades de integración y preparación espiritual. Desde allí, ellos mismos trajeron en peregrinación la imagen peregrina de la Virgen de Guadalupe hacia la Catedral, siendo recibidos con emoción y aplausos por los fieles de las ocho parroquias de Rafaela, que ya los esperaban frente al templo. La caminata fue un gesto de comunión y alegría, marcando un camino compartido hacia la celebración de la Eucaristía y reforzando el espíritu de unidad y fraternidad que caracteriza al Jubileo.

 

En la misa central, Monseñor Pedro Torres ofreció una homilía profunda, que invitó a los presentes a reflexionar sobre la vida, la fe y la gratitud. “La Palabra de Dios no está encadenada”, afirmó, recordando que la Palabra es viva, eficaz y comunicadora de vida. Con imágenes cercanas y sencillas, el obispo reflexionó sobre cómo los santos comprendieron la esperanza: para San Antonio, como el aceite que suaviza las heridas; para San Buenaventura, como el águila que eleva nuestros sueños más allá de lo imaginable; y para una devota hija de Santo Domingo, como la cucharita de postre, que simboliza que lo mejor siempre está por venir y que la esperanza nos abre a la eternidad.

 

Monseñor Torres destacó también la importancia de la sanación integral, tomando el Evangelio de Lucas como referencia. Jesús escucha los clamores de los leprosos y los envía al templo, mostrando que la sanación no siempre es instantánea, sino un proceso que requiere fe y apertura. “Hay lepras físicas, pero también lepras del corazón: superficialidad, egoísmo, vanidad. Jesús nos llama a reconocerlas para dejarnos sanar”, expresó, recordando la historia de Brochero como ejemplo de cómo las heridas pueden abrirnos al amor de Dios y a la misión de servicio.

 

La homilía hizo especial hincapié en la gratitud: “Agradecer nos descentra del yo egoísta y superficial. Nos permite descubrir que la vida es un don, que Dios nos amó primero, y que cada etapa de nuestra vida es milagro y oportunidad de servicio”. Monseñor Torres instó a los fieles a mirar a María como modelo: escuchar la Palabra, guardarla en el corazón y transformarla en alabanza y acción concreta.

 

 

Además, animó a rezar el rosario de modo contemplativo como preparación a la Eucaristía, abriendo el corazón a la paz y a la misericordia de Dios. “Rezar por la paz implica comprometerse con la paz: en el propio corazón, en la familia, en la pareja, en la comunidad. Implica escuchar, acompañar y comprender el dolor del otro”, indicó.

 

Finalmente, recordó que este jubileo es un tiempo para reflexionar sobre la vida en comunidad, aprender a caminar juntos y acompañar a quienes están en el camino clamando por inclusión y esperanza. Con imágenes que conectaron con todos los presentes, Monseñor Torres concluyó: “La palabra es fuente de fe y la esperanza que compartimos nos permite sembrar vida nueva en cada etapa”.

 

El Jubileo de los matrimonios y adultos mayores fue, así, un encuentro que celebró la vida en todas sus etapas, reconociendo a los adultos mayores como pilares de sabiduría y memoria viva de la fe, y a los matrimonios como base del amor y la familia. La jornada cerró un ciclo jubilar que comenzó en marzo con el Jubileo de la vida naciente y la vida frágil, continuó con el Jubileo de los jóvenes y el Jubileo de los niños, y culminó con esta celebración dedicada a quienes construyen y sostienen la comunidad con su historia y testimonio.

 

El mensaje que resonó entre los presentes fue claro: vivir cada etapa de la vida con esperanza, gratitud y compromiso con los demás, sabiendo que, como en la imagen de la cucharita de postre, lo mejor siempre está por venir.

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