Cada 8 de mayo se conmemora el Día Mundial del Cáncer de Ovario, una fecha clave para visibilizar una enfermedad que afecta a más de 2.000 mujeres por año en Argentina y que, en la mayoría de los casos, se diagnostica cuando ya se encuentra en estadios avanzados. Especialistas del Instituto Alexander Fleming (IAF) advierten que más del 70% de los casos se detecta en fases III o IV, lo que reduce significativamente las posibilidades de cura.
“El cáncer de ovario es una formación anormal de células que se originan en el epitelio del ovario o las trompas de Falopio. Sus síntomas son solapados y suelen confundirse con patologías digestivas, lo que retrasa su diagnóstico”, explicó la oncóloga clínica Ana Laura Mendaña (MN 135188), integrante del equipo de Ginecología Oncológica del IAF.
Síntomas a los que hay que estar atentos
Dolor pélvico, distensión abdominal, pérdida de peso inexplicable, sensación de saciedad con poca comida y cambios en el tránsito intestinal son algunos de los signos de alerta. Sin embargo, al ser inespecíficos, muchas veces se subestiman o se confunden con cuadros digestivos comunes.
“Si estos síntomas persisten más de tres o cuatro semanas sin una causa clara, es clave consultar a un especialista. La detección temprana cambia el pronóstico radicalmente: en estadio I, el 90% de los casos es curable. En cambio, en estadios avanzados, la tasa de curación baja al 15 o 20%”, señaló el oncólogo Mauro Orlando (MN 72502), subjefe del Área de Tumores Ginecológicos del IAF.
Dificultades para un diagnóstico precoz
A diferencia de otros tipos de cáncer como el de mama o el de cuello uterino, que cuentan con herramientas como la mamografía o el PAP, no existe hoy un test eficaz para la detección temprana del cáncer de ovario en mujeres sin síntomas ni antecedentes.
“Las estrategias de tamizaje actuales, como la ecografía o los marcadores tumorales, no son suficientes en poblaciones generales. Solo en mujeres con factores de riesgo genético, como las mutaciones BRCA1 y BRCA2, se aplican protocolos de seguimiento y prevención más específicos”, advirtió Orlando.
¿Quiénes tienen mayor riesgo?
Según el oncólogo Gonzalo Giornelli (MN 95788), jefe del área de Ginecología Oncológica del IAF, los antecedentes familiares de cáncer de ovario o mama, haber sido madre a edad avanzada o no haber tenido hijos, la obesidad, el tabaquismo y algunos tratamientos hormonales pueden aumentar el riesgo.
En mujeres con mutaciones en los genes BRCA, el riesgo puede alcanzar el 60%. En esos casos, se recomienda evaluar junto a un genetista la posibilidad de una cirugía preventiva (salpingooforectomía) entre los 30 y los 45 años, así como el uso de anticonceptivos como medida reductora del riesgo.
Avances en tratamientos
En los últimos años, la investigación médica ha permitido desarrollar nuevas terapias dirigidas que mejoran la sobrevida y calidad de vida de las pacientes. Entre ellas se destacan los tratamientos de mantenimiento por vía oral para evitar recaídas y los anticuerpos conjugados que administran la quimioterapia de manera más precisa al tumor.
“También se han optimizado las combinaciones y secuencias entre cirugía y medicación. El conocimiento molecular del tumor hoy permite terapias más personalizadas, con mejores resultados y menos efectos adversos”, explicó Giornelli.
La importancia de consultar a tiempo
Frente a síntomas persistentes, los especialistas recomiendan realizar una ecografía transvaginal como primer estudio, y en caso de hallazgos sospechosos, sumar marcadores tumorales, tomografía o resonancia para definir el tratamiento.
Aunque hoy no existe un método masivo de detección precoz, la clave está en no desestimar las señales del cuerpo. La consulta oportuna con profesionales especializados puede marcar la diferencia entre un tratamiento exitoso o una batalla cuesta arriba.