La nueva función de OpenAI permite transformar fotos en imágenes animadas inspiradas en Studio Ghibli. La herramienta, aplaudida por su estética y viralidad, también plantea interrogantes sobre privacidad y sostenibilidad.

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La inteligencia artificial generativa continúa avanzando a pasos acelerados. Esta vez, fue OpenAI quien sorprendió al incorporar una nueva función en ChatGPT: la capacidad de convertir fotografías en ilustraciones digitales con una estética similar a la de Studio Ghibli, el legendario estudio de animación japonés.

Desde su lanzamiento, la herramienta se volvió viral. Miles de usuarios compartieron en redes sociales retratos transformados, escenas cotidianas convertidas en paisajes oníricos, e incluso memes e imágenes históricas reinterpretadas bajo esta estética nostálgica. El fenómeno captó la atención de artistas, creadores de contenido y medios de todo el mundo.

Una tecnología fascinante, pero no exenta de cuestionamientos

Más allá del entusiasmo inicial, la función ha reactivado varios debates que acompañan el auge de las tecnologías basadas en IA.

Por un lado, el impacto ambiental. La generación de imágenes de alta calidad requiere grandes cantidades de recursos computacionales, lo que implica un consumo energético considerable. Expertos advierten que, si bien el acceso a estas herramientas se ha masificado, el costo ecológico detrás de cada imagen debería ser parte de la conversación.

Por otro, la privacidad. Aunque OpenAI afirma que las imágenes subidas no se almacenan de forma permanente ni se utilizan para entrenar futuros modelos sin consentimiento explícito, persisten dudas sobre cómo se gestionan realmente los datos que los usuarios entregan al sistema.

¿Y el futuro del trabajo creativo?

La irrupción de herramientas que permiten generar ilustraciones en cuestión de segundos también genera preocupación en sectores creativos. Ilustradores, diseñadores y artistas gráficos advierten que estas tecnologías, aunque accesibles y versátiles, podrían desplazar trabajos humanos si no se regulan adecuadamente o si se usan sin criterios éticos claros.

Un fenómeno en expansión

Pese a las controversias, la función continúa ganando popularidad. La estética de Ghibli —con su calidez, sus colores suaves y sus escenarios detallistas— parece haber tocado una fibra emocional en el público. No se trata solo de una novedad tecnológica, sino también de una expresión cultural que conecta con la nostalgia y la imaginación.

La pregunta que queda en el aire es: ¿cómo avanzar hacia un uso responsable de estas herramientas, sin sacrificar ni el potencial creativo ni los valores fundamentales que deberían guiar el desarrollo tecnológico?

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