El traumatólogo Adrián Falco explicó que el dolor crónico cambia la conducta y la autonomía y advirtió que el mejor enfoque no es medicar sino prevenir con movimiento y hábitos sostenidos.

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La gestión del dolor crónico se redefinió en la práctica médica actual: el paradigma dejó de ser solo medicar o operar y pasó a priorizar la prevención y el movimiento como “primer tratamiento”. Falco remarcó que el dolor que se instala condiciona el humor, los hábitos y la autonomía, especialmente en personas mayores, y que evitar esa evolución depende en gran parte de decisiones cotidianas.

La medicina regenerativa aparece como alternativa cuando el dolor ya está instalado. Tratamientos como el plasma rico en plaquetas logran calmar síntomas para permitir que el paciente vuelva a moverse, aunque el efecto no es duradero si no se modifica el estilo de vida. “Si el paciente no fortalece, no se activa y no cambia la rutina, el dolor vuelve”, planteó.

Para casos como lumbalgia, otras técnicas —como la ozonoterapia— muestran resultados. Además, el médico advirtió sobre el uso de suplementos vitamínicos: no reemplazan al movimiento pero pueden complementar el plan en déficit comprobados.

Falco insistió en que tolerar el dolor sin abordarlo lo transforma en problema crónico: muchas personas continúan entrenando o viviendo con molestias bajo la idea de que “ya se va a ir” y llegan a consulta tras un año conviviendo con el síntoma. El mensaje final es simple y preventivo: moverse todos los días entre 20 y 30 minutos puede cambiar la historia clínica futura más que cualquier analgésico.

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