La pobreza en Argentina sigue siendo un tema central en el debate social y económico. Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el índice de pobreza descendió al 38,1 % en el segundo semestre de 2024, marcando una baja de 14,8 puntos en comparación con los primeros seis meses del año. Sin embargo, detrás de esta aparente mejora, hay aspectos clave que los números no reflejan.
Las cifras oficiales y sus limitaciones
El informe del Indec, celebrado por el gobierno de Javier Milei, indica que la tasa de indigencia también se redujo, ubicándose en 8,2 %, lo que representa una disminución de 9,9 puntos en relación al semestre anterior. No obstante, esta medición solo contempla los 31 principales centros urbanos del país, excluyendo a ciudades más pequeñas y zonas rurales, donde la realidad social puede ser aún más alarmante.
"La medición cubre únicamente a ciudades de 100.000 o más habitantes, por lo que no capta la situación en áreas rurales y localidades menores, donde la pobreza podría tener otras características", explicó Leopoldo Tornarolli, economista e investigador del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata.
Otro factor a considerar es que la medición del Indec se basa únicamente en los ingresos de los hogares y su capacidad para cubrir la canasta básica de alimentos y servicios, dejando fuera otros gastos esenciales como el alquiler. Esto resulta significativo si se tiene en cuenta que alrededor del 40 % de la población argentina no posee vivienda propia y debe destinar gran parte de sus ingresos al pago de alquileres.
¿Por qué bajó la pobreza según el Indec?
El organismo estadístico atribuye la reducción de la pobreza al aumento del 64,5 % en el ingreso familiar medio durante el segundo semestre de 2024, cifra que superó el incremento del 26,7 % en el costo de la canasta básica. Este fenómeno se da en un contexto de fuerte ajuste fiscal y monetario que logró desacelerar la inflación, la cual pasó de un pico del 289,4 % interanual en abril de 2024 al 117,8 % en diciembre del mismo año.
Sin embargo, especialistas advierten que la estructura de consumo de los hogares ha cambiado drásticamente. Según el Observatorio de la Deuda Social (ODSA) de la Universidad Católica Argentina, la suba de tarifas en servicios públicos ha aumentado el peso de los gastos fijos, lo que impide que una mejora en los ingresos se traduzca en una mejor calidad de vida.
"Si bien los indicadores muestran niveles de pobreza similares a los de hace un año, la pobreza multidimensional sigue en ascenso, con más familias en situación de inseguridad alimentaria, dificultades para acceder a medicamentos y salud, deudas impagas e imposibilidad de realizar mejoras en sus viviendas", advierte el informe del ODSA.
La desaparición de la clase media y el fenómeno de los 'casi pobres'
El economista Alfredo Serrano Mancilla, director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica, alerta sobre una profunda transformación en la estructura social argentina. "La clase media está desapareciendo a gran velocidad y una gran parte de la población se encuentra en la franja de los 'casi pobres', personas con ingresos apenas por encima de la línea de pobreza, pero que enfrentan las mismas dificultades que aquellos que están por debajo de esa línea".
Si se considera a los "casi pobres" junto a los pobres oficialmente registrados, el porcentaje de argentinos en situación de vulnerabilidad asciende a cerca del 80 % de la población, según el especialista.
Un reflejo de esta crisis se observa en la realidad de los jubilados. De los 7,4 millones de adultos mayores en Argentina, la mayoría cobra una pensión que supera por apenas 716 pesos la línea de pobreza del Indec, pero que equivale solo a un tercio de la canasta básica calculada por la Defensoría de la Tercera Edad de Buenos Aires. Como resultado, muchos jubilados recurren a los más de 230 comedores sociales de la ciudad para poder alimentarse.
Las ciudades más afectadas y la pobreza invisibilizada
Si bien Buenos Aires registra un aumento en el número de personas en situación de calle –cifra que varía entre 4.049 según el Gobierno porteño y 12.000 según organizaciones sociales–, no es la ciudad más golpeada por la pobreza en el país. En Resistencia, capital de la provincia del Chaco, el 60,8 % de la población es pobre, una realidad que se repite en numerosas localidades del interior, muchas de las cuales no están contempladas en las estadísticas oficiales.
Si bien los datos oficiales muestran una disminución de la pobreza en términos numéricos, la realidad cotidiana evidencia que el drama social en Argentina persiste. Factores como la exclusión de sectores rurales en las mediciones, el impacto de los costos fijos en los hogares y la falta de acceso a servicios básicos sugieren que la crisis sigue afectando a una gran parte de la población. La reducción de la pobreza, según las cifras oficiales, no necesariamente implica una mejora real en la calidad de vida de los argentinos, sino que deja en evidencia los desafíos estructurales aún pendientes.