La psicóloga Marcela Dellamea analizó la dimensión psicológica detrás de los tatuajes. Desde su valor como marca de identidad y pertenencia hasta su vínculo con emociones, resiliencia y procesos de vida.

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En una nueva columna en Hoy por Hoy, por Radio Mitre Santa Fe, la psicóloga Marcela Dellamea reflexionó sobre la parte psicológica de los tatuajes, fenómeno que, según explicó, atraviesa aspectos culturales, emocionales y de identidad.

“Cuando nos tatuamos queremos expresar algo: una identidad, un momento de la vida, valores, o incluso una etapa de sufrimiento. Muchas veces el cuerpo se convierte en un mapa de nuestra historia”, señaló.

La especialista recordó que los tatuajes existen desde hace más de 5.000 años y que, según la cultura, podían representar tanto estigmas sociales como símbolos de protección o de pertenencia a una clase social alta. Hoy, su sentido es múltiple y personal: “Un tatuaje puede fortalecer la autoestima, expresar resiliencia tras una pérdida o enfermedad, o ser un gesto de amor, como tatuarse el nombre de un hijo”, explicó.

También destacó la paradoja de utilizar la piel —el órgano más externo— para expresar el mundo interior: “Es una forma de catarsis. Pongo en un gráfico lo que me está pasando, lo que no siempre puedo poner en palabras”.

Sobre si el tatuaje puede ser una conducta impulsiva, aclaró que no: “A diferencia de otros actos, requiere planificación, tiempo y cuidado posterior. Sí puede volverse una conducta obsesiva en algunos casos, lo cual puede reflejar una patología de base”.

Finalmente, la psicóloga resaltó cómo el momento de la vida influye en la decisión: “En la adolescencia puede estar vinculado a la rebeldía o a la pertenencia. En la adultez, a marcar hitos significativos, tanto de dolor como de felicidad. Cada tatuaje refleja la motivación y la necesidad personal de quien lo lleva”.

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