Cada 4 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Obesidad, una fecha que invita a reflexionar sobre uno de los principales problemas de salud pública a nivel global. En ese marco, la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) llamó a repensar los hábitos alimentarios y adhirió al enfoque propuesto por las nuevas Guías Alimentarias para los Estadounidenses 2025–2030, publicadas por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos y el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos. El mensaje es claro: volver a la “comida real” como base de una estrategia efectiva de prevención.
El documento plantea que el problema no se reduce al exceso de calorías, sino a un entorno que favorece el consumo de productos ultraprocesados ricos en azúcares, grasas de baja calidad, sodio y aditivos. En Argentina, la situación es preocupante: según la 4° Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, más del 60% de los adultos presenta sobrepeso u obesidad, mientras que las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte. Datos de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud indican que en 2024 las patologías del sistema circulatorio provocaron más de 105 mil fallecimientos, casi un tercio del total anual.
“El foco ya no está en demonizar alimentos aislados, sino en priorizar alimentos frescos y nutritivos”, explicó el Dr. Emiliano Salmeri, director del Consejo de Cardiometabolismo de la SAC. Las recomendaciones se estructuran en torno a seis ejes: proteínas de calidad, frutas y verduras, lácteos enteros sin azúcar, granos integrales, grasas saludables y una reducción drástica de ultraprocesados. También se incorporan pautas específicas según edad y condiciones particulares, como embarazo, lactancia o enfermedades crónicas.
Por su parte, el presidente de la SAC, Dr. Sergio Baratta, subrayó que el nuevo enfoque propone una mirada integral de la salud cardiometabólica: no se trata solo de contar calorías o restringir grasas, sino de mejorar la calidad de la dieta y fortalecer la masa muscular. En esa línea, destacó el rol de la cocina hogareña como herramienta de prevención y transmisión de hábitos saludables, incluso en contextos económicos complejos.
Entre las principales recomendaciones figuran: consumir entre 1,2 y 1,6 gramos de proteína por kilo de peso al día; incorporar al menos cinco porciones diarias de frutas y verduras; elegir granos integrales; priorizar grasas como el aceite de oliva, frutos secos y pescados; limitar el sodio a menos de 2.300 mg diarios en adultos; reducir el alcohol y eliminar el consumo habitual de productos ultraprocesados como snacks, bebidas azucaradas y alimentos “light” con aditivos. El agua se posiciona como la bebida de elección.
Desde la SAC remarcan que la prevención es una construcción cotidiana que excede la alimentación: incluye actividad física regular, descanso adecuado, manejo del estrés y políticas públicas que faciliten elecciones saludables. En un escenario atravesado por dietas de moda y mensajes contradictorios, el llamado a “comer comida real” aparece como una consigna simple, basada en evidencia científica y con impacto directo en la salud cardiovascular.