En una nueva columna en Radio Mitre Santa Fe, la psicóloga Lic. Marcela Dellamea reflexionó sobre las diferencias entre las crianzas de antes y las actuales, poniendo el foco en un concepto clave: la resiliencia.
Dellamea explicó que la resiliencia es la capacidad de una persona para atravesar situaciones difíciles, aceptarlas y salir fortalecida. En ese sentido, planteó que quienes crecieron en las décadas del 60 y 70 desarrollaron mayores herramientas para enfrentar la adversidad, en gran parte por un contexto de menor supervisión adulta.
“Antes había más libertad para explorar, equivocarse y resolver problemas solos. Eso fomentaba la creatividad, la autonomía y la responsabilidad”, sostuvo.
La profesional remarcó que, si bien hoy existe una mayor conciencia sobre los riesgos, también se observa una tendencia a la sobreprotección. “Muchas veces, por amor, los padres resolvemos todo por nuestros hijos. Pero eso les quita la posibilidad de aprender de sus propios errores”, advirtió.
En ese marco, subrayó la importancia de permitir que los chicos asuman responsabilidades acordes a su edad, tanto en la escuela como en el hogar. Desde tareas simples como ordenar sus juguetes hasta cumplir con obligaciones escolares, cada experiencia suma en la construcción de autonomía.
Otro punto central fue el concepto de “locus de control”, es decir, la capacidad de entender que nuestras acciones tienen consecuencias. “Si un niño no desarrolla esto, de adulto puede sentirse perdido ante los problemas y experimentar altos niveles de ansiedad”, explicó.
Además, señaló que la sobreprotección no solo responde al miedo, sino también a necesidades de los propios adultos: “A veces los padres necesitan sentirse indispensables, y eso también influye en limitar la independencia de los hijos”.
Sobre el vínculo afectivo, destacó la diferencia entre decir “te quiero” y demostrarlo con acciones concretas. “Antes había más tiempo de calidad: enseñar, compartir, conversar. Hoy muchas veces estamos presentes físicamente, pero distraídos por las pantallas”, indicó.
Finalmente, hizo hincapié en la importancia de acompañar los procesos y no solo los resultados: “No se trata de que los chicos sean los mejores, sino de respetar sus intereses, sus tiempos y sus capacidades. Acompañar sin exigir perfección es clave para evitar frustraciones innecesarias”.