Alberto Emmert, comerciante con su local ubicado frente al predio en conflicto, relató que los disturbios comenzaron alrededor de las 20:00. “Se armó la gresca otra vez. Toda la noche hay peleas con los chicos que quedaron acá".

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Vecinos del sector de Mitre al 500. Foto: RN

La tensión volvió a escalar este miércoles por la noche en los departamentos usurpados de avenida Mitre al 500, donde vecinos y comerciantes aseguran que la situación “no da para más”. Hubo grescas, piedrazos y hasta personas heridas, en un escenario que describen como “el punto más caliente de la ciudad”.

Alberto Emmert, comerciante con su local ubicado frente al predio en conflicto, relató que los disturbios comenzaron alrededor de las 20:00. “Se armó la gresca otra vez. Toda la noche hay peleas con los chicos que quedaron acá. Las familias se fueron, pero quedan personas sueltas, gente de la calle, personas que se drogan enfrente nuestro a diario”, afirmó.

 

Según indicó, durante la noche se registraron piedrazos contra viviendas linderas y “hubo sangre”. “Todos los días es algo”, resumió.

Si bien el conflicto edilicio arrastra más de una década, el comerciante situó el agravamiento del problema en el último año. “La pesadilla empezó el año pasado. Tengo filmaciones desde marzo donde ya se veían las primeras peleas. Diciembre y enero fueron tremendos”, señaló.

Emmert aseguró que desde hace dos años el barrio atraviesa una situación crítica, pero que en los últimos meses el escenario se volvió insostenible.

Por su parte, Alejandra, vecina del sector desde hace 52 años, expresó que la situación es “dolorosa y triste” y que las familias viven “en alerta constante”. Indicó que fueron recibidos por autoridades municipales, quienes les explicaron que el tema está en instancia judicial y que aguardan una resolución definitiva.

Alberto Emmert - Comerciante

 

Plazo judicial y reclamos

 

Según lo manifestado por los vecinos, el plazo judicial para avanzar con el desalojo sería el 18 de marzo. “Nos prometieron que después iban a cerrar el lugar. No se puede derrumbar porque tiene problemas legales y deudas”, explicó Emmert.

El comerciante advirtió que existe preocupación por lo que pueda ocurrir tras el eventual desalojo. “Han tratado de meterse en obras en construcción o casas desocupadas. Hay recambio constante de personas”, señaló, y reclamó mayor identificación y control por parte de las autoridades judiciales y policiales.

Uno de los puntos más sensibles es la presunta actividad delictiva en la zona. “Vemos cómo cocinan droga enfrente de mi negocio. Vemos los ‘pases’. Yo estoy ocho horas acá adentro, lo veo”, afirmó.

Emmert contó que decidió contratar seguridad privada en diciembre, con un costo que —según dijo— ronda entre 2 y 3 millones de pesos mensuales si se cubren ocho horas diarias. Sin embargo, aseguró que aun con presencia policial en la zona se registran hechos, como el robo de un casco a un efectivo el último fin de semana.

 

Además del temor, denunció un fuerte impacto económico: “Estoy perdiendo plata. Los vecinos te dicen que no pasan por acá porque tienen miedo. No van al bar, no vienen a comprar ropa. Así no se puede vivir”.

El comerciante recordó el caso de una emprendedora que el año pasado sufrió un robo, le vaciaron el local y terminó cerrando el negocio. “Yo no me voy a ir. Hace 32 años que estoy acá y vivo a cien metros. No voy a permitir que me vacíen el negocio o que no dejen entrar clientes”, sostuvo.

Emmert indicó que volvió a radicar una denuncia en el Centro Territorial de Denuncias y pidió a los vecinos que utilicen tanto ese canal como el 911 ante cualquier hecho.

Mientras esperan la resolución judicial, en el barrio el clima sigue siendo de incertidumbre. “No nos podemos acostumbrar a vivir con miedo”, concluyó.

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