Un estudio llevado adelante por investigadores del CONICET detectó la presencia de antibióticos, pesticidas y antiparasitarios en el río Salado, sumándose a investigaciones previas que advertían sobre la existencia de contaminantes emergentes en cuerpos de agua de la región.
En una entrevista con Radio Mitre Santa Fe, la científica Carla Teglia explicó que, si bien los niveles encontrados son extremadamente bajos, es fundamental monitorear su presencia, ya que podrían afectar la fauna y, en el futuro, representar un riesgo para el ecosistema y la salud humana.
“Nosotros desarrollamos un sistema para poder concentrarlos, porque lo que detectamos son concentraciones muy bajas, de lo que se denominan contaminantes emergentes. Estamos hablando de nueve órdenes de magnitud más chicos que un gramo por litro”, detalló Teglia.
¿De dónde provienen estos contaminantes?
Uno de los principales desafíos de la investigación es determinar la fuente exacta de estos compuestos. Teglia explicó que su equipo realizó un monitoreo en distintos años y puntos del río para obtener una "fotografía" de lo que había en cada momento. Sin embargo, rastrear su origen exacto es complejo.
“No podemos saber bien de dónde provienen. Lo que sí sabemos es qué compuestos son, y por qué se los considera contaminantes emergentes. Son sustancias que no deberían estar en esos lugares. En este caso, no debería haber ningún pesticida o antibiótico en el río”, afirmó.
Un problema global sin regulación específica
A pesar de la creciente preocupación por la presencia de estos compuestos en cuerpos de agua, no existen regulaciones específicas en Argentina ni en muchos otros países del mundo. Teglia explicó que apenas se están estableciendo algunas directrices internacionales sobre concentraciones máximas permitidas para ciertos compuestos.
“La última que sacaron fue sobre el clorpirifos, que es uno de los pesticidas que encontramos. Se estableció un límite de concentración aceptable en ríos, pero aún falta mucho en términos de legislación”, señaló la investigadora.
Impacto en la fauna y el ecosistema según el estudio
Si bien el estudio no analizó directamente el impacto en el consumo humano, sí se realizaron evaluaciones teóricas sobre los efectos en la fauna acuática. Según Teglia, los peces y anfibios pueden ser los más afectados, especialmente por compuestos como el clorpirifos, que puede ser letal para ciertas especies.
“Cuando estas aguas entran en contacto con la flora y fauna, pueden generar problemas. Es probable y posible que esto esté ocurriendo, aunque aún no lo hemos estudiado directamente”, indicó. Además, mencionó que es clave continuar con los monitoreos para entender mejor las implicancias ambientales.
Un llamado a la acción
Teglia enfatizó que el hallazgo no significa un riesgo inminente para la salud humana, pero sí requiere atención y monitoreo constante. “No quiero generar una alarma diciendo que el río está contaminado de forma peligrosa para las personas. Lo importante es entender qué está dando vueltas en el agua y cuáles pueden ser los efectos a largo plazo”, aclaró.
La detección de estos contaminantes en el río Salado refuerza la necesidad de generar regulaciones y estrategias de monitoreo ambiental más rigurosas. El desafío, según los especialistas, es avanzar en la comprensión de estos compuestos y su impacto, para poder tomar medidas que protejan tanto al ecosistema como a las comunidades que dependen del río.