La Cámara de Diputados de Santa Fe se encuentra insistiendo por segunda vez en licitar la adquisición de 55 medallas recordatorias para ser entregadas a diputados, diputadas y autoridades legislativas que finalizan su mandato el próximo 10 de diciembre. Según pudo conocer RAFAELA NOTICIAS, el presupuesto que se habilitó para esta compra es de 11 millones de pesos, por lo que cada medalla podría llegar a costar 200 mil pesos. La primera licitación se declaró desierta, debido a que se presentó una sola empresa que no cumplía con las condiciones del pliego, por eso este jueves 3 de agosto se volvió a abrir otra licitación. Según consta en la página de la Cámara Alta, el primer proyecto fue autoría del diputado Blanco, llevando la firma de Del Frade. Mientras que la segunda licitación fue impulsada también por Blanco, y acompañada con la firma de Del Frade y Rubeo. Según figura en los pliegos licitatorios, las medallas deben tener las siguientes características: estar acuñadas en plata 900 con el escudo de la Cámara de Diputados aplicado en oro 18 kts. (doublé) en el anverso de entre 0,8 y 0,9 gramos, y grabadas en el reverso. El diámetro de la medalla sin borde debe ser de 31 mm, el peso sin borde de 12.2 grs, con un borde de oro de 18 kts. de 2.8 grs. de peso. Contará con la leyenda perimetral: Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe. Al dorso tendrán grabado apellido y nombre del diputado, diputada o autoridad y el período 2019/2023. La medalla debe ser entregada en estuche de cuero sintético de 80 x 80 mm o similar.
Nota del Redactor: Hasta aquí los datos "duros" de la licitación. Y lo que resta es solamente plantear algunas preguntas de reflexión que cada lector podrá responder. Más allá de que esto de entregar medallas pueda o no ser tradición, ¿corresponde gastar este abultado monto de dinero público en esto? ¿Cuán indispensables son estas medallas? Si a un profesional que estudió en la universidad varios años, al final del cursado recibe un simple diploma para colgar en la pared, ¿no alcanzaría con esto también para legisladores que estuvieron 4 años en su cargo y a los cuales no se les exigió ningún tipo de productividad? Tarea por la cual además ya han recibido un salario muy por arriba de la media del resto de la población. Ni hablar de cuánto le cuesta a un deportista de élite, por ejemplo, -hablando de años de esfuerzo, entrenamiento y competencias-, ganar una medalla. ¿Y en el caso de los legisladores solamente alcanza con apelar a fondos públicos para conseguirla? Y quizás la pregunta más crucial: ¿está la política en condiciones de hacer estos gastos, cuando hay una sociedad en la que sus ciudadanos se están ajustando cada vez más en su economía? El debate está abierto, pero el sentido común parece llevar todo hacia una sola respuesta.