Un seguimiento realizado por el Instituto de Capacitación y Estudios para el Desarrollo Local (ICEDeL) a estudiantes de Rafaela que finalizaron el nivel secundario en 2024, permite observar qué ocurre un año después del egreso y cuánto de lo proyectado logra transformarse en trayectorias educativas efectivas durante el primer año posterior a la finalización de la escuela media.
Si bien, como ya se había señalado en un estudio anterior, la intención de continuar estudios superiores se mantiene elevada —supera el 80%—, el pasaje efectivo al nivel terciario o universitario aparece marcado por discontinuidades, cambios de carrera y abandonos tempranos.
El relevamiento permitió reconstruir la situación de 967 jóvenes un año después del egreso, contrastando lo que habían manifestado en 2024 respecto a su intención de seguir estudiando con las trayectorias que efectivamente desarrollaron a lo largo de 2025.
Entre quienes habían expresado la intención de continuar estudios, casi ocho de cada diez (79,5%) iniciaron efectivamente una carrera. Sin embargo, el 20,5% restante no logró concretar ese proyecto pese a haberlo planificado. En este grupo, los principales obstáculos para el no inicio fueron de carácter laboral (28,6%) y académico (18,8%), con un peso significativo de las materias adeudadas del nivel secundario.
Entre quienes sí comenzaron una carrera, más de uno de cada cinco (21,4%) cambió de orientación durante el primer año. En este sentido, el informe define el proceso como una inserción significativa, pero con señales de fragilidad temprana. La reorientación vocacional se asocia principalmente a desajustes entre expectativas y la elección inicial —el 30% señaló que la carrera elegida “no le gustaba”—, además de dificultades académicas y razones personales.
Si bien el 81,5% de quienes iniciaron estudios continúa cursando al momento del relevamiento, el informe advierte que los cambios y abandonos tempranos evidencian trayectorias inestables en el primer tramo de la educación superior, lo que refuerza la necesidad de fortalecer los procesos de orientación vocacional y acompañamiento académico.
En el grupo que originalmente no tenía intención de continuar estudios, la trayectoria resulta más previsible. El 93,1% no inició ninguna carrera y mostró una inserción laboral temprana y prioritaria. Solo el 6,9% decidió comenzar estudios superiores y, dentro de ese subgrupo, la mayoría abandonó en poco tiempo. Los pocos casos de continuidad se concentran exclusivamente en tecnicaturas, lo que sugiere que la educación técnico-profesional funciona como una vía de acceso más viable para quienes inicialmente no proyectaban estudiar.
Un dato transversal y de alta relevancia es la persistencia de materias adeudadas del secundario, que atraviesa a todos los perfiles. El 14% de los estudiantes con intención de continuar estudios mantiene materias pendientes, cifra que asciende al 41,9% entre quienes no tenían esa intención. Esta deuda académica se presenta como una barrera concreta para el inicio de estudios superiores y como un factor adicional de vulnerabilidad.
Pese a ello, el informe destaca un dato alentador: más del 95% de los jóvenes con materias adeudadas manifiesta intención de regularizarlas y más del 80% estaría dispuesto a participar en programas de apoyo específicos. Este escenario abre un margen claro para la intervención de políticas públicas orientadas a la terminalidad educativa y al acompañamiento académico.
En paralelo, el relevamiento identifica dos modelos diferenciados de inserción laboral. Mientras que casi el 66% de quienes no planeaban estudiar ya se encuentra trabajando, entre quienes sí tenían intención de continuar estudios la tasa de actividad laboral alcanza el 32,7%. En este último grupo, el trabajo suele cumplir un rol complementario, aunque el informe advierte que las exigencias laborales aparecen como una de las principales causas de abandono o de no inicio de carreras.
En síntesis, el estudio confirma que la mayoría de los estudiantes rafaelinos que finalizan el secundario y desean continuar estudiando logra dar el primer paso, pero también evidencia que ese paso es frágil. Cambios de carrera, abandonos tempranos y dificultades académicas configuran trayectorias que requieren mayor acompañamiento. La combinación de orientación vocacional, apoyo académico y estrategias que faciliten la compatibilidad entre estudio y trabajo aparece como una condición necesaria para transformar la intención de estudiar en trayectorias sostenidas y exitosas.