En una semifinal memorable del Abierto de Australia, el español derrotó al alemán Alexander Zverev en un partido extenuante, cambiante y cargado de tensión, que se extendió durante más de cinco horas y quedó inscripto entre los más largos en la historia del torneo. El encuentro, disputado en el Rod Laver Arena, tuvo todos los elementos de una jornada épica. Alcaraz se impuso por 6-4, 7-6, 6-7, 6-7 y 7-5, tras dominar buena parte del desarrollo, sufrir una prolongada reacción de su rival y sobreponerse a evidentes dificultades físicas en el tramo decisivo. El español había comenzado con autoridad. Sólido desde el fondo de la cancha, preciso con el revés y agresivo cuando encontraba espacios, se quedó con los dos primeros sets y pareció encaminar el partido. Sin embargo, Zverev, sostenido por su servicio y una notable fortaleza mental, logró estirar el duelo al llevarse el tercero y el cuarto set en sendos tie-breaks. A partir de ese momento, el partido ingresó en una dimensión diferente. El desgaste acumulado comenzó a pasar factura y Alcaraz sufrió calambres y molestias que obligaron a la intervención del fisioterapeuta. Lejos de quebrarlo, la adversidad terminó convirtiéndose en un nuevo desafío competitivo. Cada punto fue disputado con intensidad extrema, en un clima de silencio tenso que acompañó el desarrollo del quinto set.   Zverev tuvo oportunidades para inclinar la balanza a su favor, pero Alcaraz resistió con determinación. Cuando el partido parecía escaparse, el murciano sostuvo su saque en momentos críticos y encontró el quiebre decisivo en el tramo final, cerrando el encuentro con una mezcla de alivio y emoción. Con esta victoria, Alcaraz alcanzó por primera vez la final del Abierto de Australia y firmó una de las actuaciones más exigentes de su carrera. El duelo quedó registrado como una de las semifinales más largas del certamen y confirmó, una vez más, la capacidad del español para competir al límite tanto en lo físico como en lo mental. El público del Rod Laver Arena despidió a ambos jugadores de pie, tras un partido que excedió el resultado y ofreció una muestra del nivel y la intensidad del tenis actual. Alcaraz, exhausto pero sonriente, dio un paso más en su camino dentro del Grand Slam australiano y se preparará ahora para disputar una final que ya tiene sabor a historia.