Las amenazas en escuelas, que en las últimas semanas generaron alarma en distintas comunidades educativas, no pueden leerse solo como episodios aislados o simples “bromas pesadas”. Para la psicoanalista Viviana Gays, se trata de un fenómeno social mucho más profundo, atravesado por componentes de violencia simbólica, contagio social, crisis de autoridad y nuevas formas de pertenencia que encuentran en las redes sociales un terreno fértil. En una entrevista en Bien Despiertos, Gays propuso una lectura provocadora: pensar estas amenazas bajo algunos rasgos que comparten los fenómenos terroristas. “Puede sonar arriesgado, pero esto tiene algunos de los mismos sesgos que tiene el terrorismo”, afirmó. Y explicó que, como en esos mecanismos, no se trata solo del daño concreto sino del efecto expansivo del miedo. “Mata uno y aterrorizarás a miles. Creo que esto es lo que está pasando con esta viralización”, sostuvo. Viviana Gays - Psicóanalista - Amenazas: ¿Resposabilidad de las redes sociales?   “Violencia ubicua”: cuando el temor puede venir de cualquier lado     La especialista utilizó el concepto de violencia ubicua para describir el clima de incertidumbre que generan estas amenazas. “Uno no sabe cuándo puede pasar ni de dónde va a venir”, planteó.     En ese marco, advirtió que el problema excede al adolescente que protagoniza un hecho puntual y que muchas veces empiezan a aparecer otros actores o grupos que se identifican con esas lógicas. “Parece que hay una red de personas que piensan de la misma manera. Empiezan a aparecer otros actores en escena”, señaló. Según Gais, detrás de estos episodios puede haber una búsqueda de ejercer poder a través del miedo. Psicoanalista Viviana Gays     “La violencia no deja de ser un lenguaje que está diciendo: préstennos atención”, definió. El dilema de la difusión: advertir sin generar efecto contagio Uno de los puntos abordados fue el tratamiento mediático y social de estas amenazas, en paralelo con los debates que durante años existieron sobre la cobertura de suicidios y el llamado “efecto contagio”. Consultada sobre si una excesiva visibilidad puede multiplicar el fenómeno, la psicoanalista reconoció que es una tensión real, aunque difícil de evitar. “No es una lectura errónea. Pero también es necesario advertir para que la gente pueda prestar atención y tomar precauciones”, explicó. En ese punto destacó como positiva la reacción de algunas instituciones educativas que emitieron comunicados firmes marcando límites y advirtiendo consecuencias. “Es la primera vez en décadas que escucho una escuela bajar una línea tan contundente: esto está mal y es sancionable”, valoró. Crisis de autoridad y el rol de la escuela Uno de los ejes más fuertes de su análisis fue la pérdida de autoridad en instituciones como la escuela y la familia. Con más de cuatro décadas de ejercicio profesional, Gays sostuvo que desde el retorno democrático hubo un progresivo debilitamiento de esas referencias. “Se desarmó la autoridad en directivos, en docentes y también en las familias”, dijo.     Y agregó que, si bien los avances en derechos de niños y adolescentes fueron necesarios, en muchos casos derivaron en adultos que quedaron sin herramientas para ejercer límites. “He visto padres tildados, sin poder hacer un ejercicio de autoridad”, expresó. Por eso consideró importante que las escuelas vuelvan a establecer con claridad una línea entre lo permitido y lo intolerable. Malestar, abandono y violencia La psicoanalista también intentó pensar qué subjetividades pueden sentirse atraídas por este tipo de conductas. Planteó que muchas veces detrás de acciones violentas hay historias de abandono, maltrato o frustraciones profundas. “La frustración es una promesa incumplida. Yo debía haber recibido algo y no me llegó”, explicó.     Y añadió que esa herida puede traducirse luego en hostilidad social. “Si los otros tienen lo que yo no tuve, esa sociedad puede vivirse como hostil”, describió. No obstante, aclaró que esto no implica generalizar ni reducir el fenómeno a un único origen, sino comprender que muchas veces la violencia emerge donde hubo carencias profundas. Redes sociales y pertenencia: “El mismo rol que tuvieron las sectas” Sobre el papel de las redes, Gays trazó un paralelo inquietante. “Cumplen el mismo rol que tuvieron otras épocas las sectas: venir acá, acá pertenecés”, afirmó.     Según explicó, cuando un adolescente no encuentra reconocimiento o integración en otros espacios, esos entornos virtuales pueden ofrecer identidad, validación y hasta liderazgos manipuladores. “Cuando el poder se une a la maldad, ahí tenemos los desastres”, advirtió. Un mensaje para las familias: “No podemos dejar de vivir” En el tramo final, Gays se dirigió a las familias atravesadas por el miedo y planteó que, aunque la preocupación es legítima, no debe imponerse una lógica de parálisis. “Lo mejor que podemos hacer es seguir con nuestra rutina”, afirmó. Y reforzó: “No podemos dejar de vivir. Eso es justamente lo que intentan romper quienes planean estas cosas”. En ese sentido, consideró clave hablar con los chicos, escuchar señales y fortalecer la comunicación familiar y escolar.     “El conocimiento es seguridad. Si a los chicos se les explica, también pueden estar atentos”, sostuvo. Amenazas escolares: un fenómeno para pensar más allá del delito Aunque remarcó que las amenazas constituyen delitos con consecuencias penales y económicas, la entrevista dejó una advertencia de fondo: reducir todo a una travesura adolescente puede impedir ver una problemática más amplia. Desde la viralización del miedo hasta la crisis de autoridad, pasando por las redes, el abandono y la necesidad de pertenecer, Gays propuso una lectura incómoda pero profunda sobre un fenómeno que interpela a escuelas, familias y sociedad. “Bienvenido el ejercicio de la autoridad”, cerró la especialista, reivindicando límites claros frente a un escenario que —según advirtió— no debe subestimarse.