En la columna de psicología del programa “Hoy por Hoy” de Radio Mitre Santa Fe, la psicóloga Melina Chía reflexionó sobre una de las frases que más eco hizo en los últimos días: "Nadie se salva solo", disparador tomado de la popular serie El Eternauta. Desde una mirada psicológica y emocional, sin spoilers, Chía utilizó esa idea para hablar sobre la importancia del pedir ayuda, la cultura del aguante y la necesidad del otro. “La frase resonó fuerte porque expone algo que muchas veces se oculta: que no podemos con todo, que necesitamos apoyo”, explicó la profesional. En una sociedad que valora la autosuficiencia y el “yo puedo solo”, muchas veces se asocia pedir ayuda con debilidad, cuando en realidad —señaló— es una de las principales muestras de coraje. “Reconocer una necesidad es el primer paso para poder trabajar en ella”, dijo. Melina Chia - Psicóloga (Radio Mitre Santa Fe)     repeat play pause stop mute un mute Update Required To play the media you will need to either update your browser to a recent version or update your Flash plugin.   Durante la charla, Melina remarcó que el aislamiento muchas veces no es una elección, sino el resultado de experiencias pasadas que dificultan la confianza. “El confiar se aprende, y si de niños no tuvimos modelos positivos de ayuda y contención, nos cuesta más abrirnos de adultos”, detalló. El trabajo terapéutico, en este sentido, ayuda a revisar esas historias y volver a construir redes de apoyo. Las redes de contención —como la familia, los amigos o la pareja— ocupan un lugar clave, pero también tienen sus límites. “En cada consulta siempre pregunto a quién recurren cuando se sienten mal. Eso ya da una pauta de si hay contención o si es necesario reforzarla”, comentó Chía. Además, señaló que muchas veces las personas no se animan a contar sus problemas por miedo a ser una carga para los demás. En un contexto donde las relaciones muchas veces se vuelven superficiales —incluso teniendo muchos contactos en redes sociales—, Melina advirtió que la soledad emocional no siempre tiene que ver con la falta de gente alrededor, sino con la falta de profundidad en los vínculos. “Podemos estar rodeados y sentirnos solos igual”, afirmó. Por eso, la profesional invitó a recuperar la confianza, habilitar el dolor como algo humano y cotidiano, y desarmar la idea de que mostrarse vulnerable es un signo de debilidad.