El escenario económico de marzo de 2026 confirmó una tendencia que se consolidó a lo largo del primer trimestre: los productos lácteos se mantuvieron significativamente por debajo del Índice de Precios al Consumidor (IPC). Mientras que el nivel general de precios registró un aumento interanual del 32,6% y los alimentos en general subieron un 32,7%, la canasta láctea apenas alcanzó un incremento promedio del 19,7% en el Gran Buenos Aires. Así lo revela un análisis del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina.
La influencia de la baja del consumo
Dentro de este esquema, los productos que mostraron el menor dinamismo en sus precios —y, por ende, una mayor caída en términos reales— fueron los artículos de consumo masivo y mayor volumen de ventas. La leche común entera de un litro encabezó esta lista, con una tendencia de valores estables o levemente negativos que se profundizó desde abril de 2024, cayendo de forma franca en términos de moneda constante.
En una situación similar se encontraron los quesos, considerados "commodities" del mercado doméstico. El queso cuartirolo mantuvo una marcada tendencia decreciente en sus precios reales durante los últimos dos años, mientras que el queso barra o de máquina, aunque mostró una evolución algo más estable, también registró una trayectoria negativa al ser ajustado por inflación en el periodo reciente.
Suben los productos con mayor valor agregado
En el otro extremo, el yogur bebible en sachet de litro fue el producto que históricamente presentó una tendencia de precios creciente. Sin embargo, incluso este artículo comenzó a experimentar una caída en su valor real durante el último bienio. Este ajuste respondió a una estrategia comercial para sostener el consumo de la categoría, ante la fuerte retracción de la demanda en productos de mayor valor agregado o suntuarios, como los yogures en pote, flanes y postres, que fueron los que más sufrieron el recorte de gastos de los hogares.
Este fenómeno de precios "retrasados" respecto a la inflación general se explicó por una combinación de factores estructurales. Por un lado, existió una sobreoferta importante de productos debido a los altos niveles de producción registrados durante 2025 y el inicio de 2026.
Por otro lado, el deterioro del poder adquisitivo del salario limitó la capacidad de la industria para trasladar aumentos, lo que generó que tanto los precios minoristas como los de salida de fábrica (que subieron apenas un 16% interanual) quedaran lejos de los índices inflacionarios generales.
El comportamiento de los precios mayoristas
Los precios mayoristas —es decir, los precios de salida de fábrica a los que vende la industria, que de alguna manera definen también la capacidad de pago de las usinas lácteas a los productores tamberos— registraron un comportamiento de marcado retraso frente a otras variables económicas, con un incremento interanual proyectado del 16% para marzo de 2026.
Este desempeño se caracterizó por los siguientes puntos:
- Por debajo de la inflación: El aumento del 16% representó menos de la mitad del índice de inflación general, que alcanzó el 32,6% interanual en el mismo periodo.
- Inferior a los precios minoristas: Los valores de salida de fábrica se situaron incluso por debajo del incremento de los precios al consumidor final (minoristas), que promediaron una suba del 19%.
- Causas del fenómeno: Este comportamiento se atribuyó a la sobreoferta de productos en el mercado durante todo 2025 y el primer trimestre de 2026, sumado a un menor poder adquisitivo de los salarios para el consumo de alimentos y bebidas.
En resumen, tanto los precios mayoristas como los minoristas del sector lácteo se mantuvieron lejos de los índices inflacionarios generales debido a la alta disponibilidad de stock y la debilidad de la demanda interna