Durante su primera audiencia pública con la prensa internacional, celebrada este lunes en el Aula Pablo VI del Vaticano, el papa León XIV confirmó que se encuentra en preparación su primer viaje oficial, con destino a Iznik (la antigua Nicea), en Turquía, con motivo del 1.700° aniversario del Concilio de Nicea. El evento está programado para el próximo 20 de mayo, y sumará una exigente semana de compromisos: el 18 será su misa de entronización, mientras que el miércoles 21 encabezará su primera audiencia general en la Plaza San Pedro.
Aunque el viaje no había sido anunciado formalmente, Francisco ya había manifestado su deseo de asistir antes de enfermarse, incluso invitando al patriarca ortodoxo Bartolomé I a participar de la visita. De concretarse, el traslado a Turquía marcaría no solo el debut internacional del nuevo pontífice, sino también un gesto ecuménico hacia la Iglesia Ortodoxa.
El Concilio de Nicea, convocado en el año 325 por el emperador Constantino I, representó un hito fundamental en la historia del cristianismo, ya que sentó las bases doctrinales que aún perduran y unificó la fe en torno a aspectos esenciales, como la divinidad de Cristo. Con este gesto, León XIV daría continuidad al diálogo interreligioso iniciado por su antecesor con la Iglesia del Este.
En los próximos días, la Santa Sede enviará una delegación a Iznik para evaluar la logística y la viabilidad del viaje en la fecha prevista. La visita tendría también una dimensión diplomática, en línea con el encuentro de 2014 en Jerusalén, donde Francisco y Bartolomé I ratificaron su compromiso de superar siglos de desencuentros entre ambas tradiciones cristianas.
Durante la audiencia, León XIV se mostró cercano y distendido con los periodistas. Saludó a varios de ellos, bromeó sobre su rol papal y comentó incluso su afición por el tenis, riéndose ante la idea de participar en un torneo benéfico: “Mientras no traigas a Sinner”, dijo, en referencia tanto al tenista italiano como al juego de palabras con su apellido, que en inglés significa “pecador”.
En otro momento divertido, el Papa posó para una foto con una periodista vestida de blanco, a quien le aseguró entre risas que no había riesgo de “papisa”. Sin embargo, rechazó tomarse selfies, y al momento de repartir rosarios, consultó al ceremonial con simpatía: “¿Tengo que darlos yo? Lo siento, todavía estoy aprendiendo”.
Con su espontaneidad y tono informal, León XIV dejó una primera impresión de cercanía, carisma y sentido del humor, dando un anticipo del estilo pastoral que busca imprimir a su pontificado.