El descarrilamiento y choque de dos trenes de alta velocidad en las cercanías de Adamuz, provincia de Córdoba (España), ocurrido el domingo por la tarde, ha dejado al menos 41 víctimas mortales y más de un centenar de heridos, según las autoridades españolas.
El accidente involucró a un tren de la compañía privada Iryo, que se dirigía de Málaga a Madrid, y a un tren Alvia de Renfe con destino Madrid-Huelva. La colisión se produjo después de que parte del convoy de Iryo descarrilara e invadiera la vía opuesta, impactando de lleno con la formación que circulaba en sentido contrario.
Servicios de emergencia, bomberos, Policía y la Guardia Civil desplegaron un amplio operativo de rescate para atender a los heridos y recuperar cuerpos de entre los vagones deformados. Testimonios de pasajeros describen escenas de caos absoluto y esfuerzos desesperados por escapar de los coches destrozados tras el impacto, que se produjo en apenas 20 segundos entre la salida de la vía y la colisión.
El Gobierno español, encabezado por el presidente Pedro Sánchez, decretó tres días de luto nacional y aseguró que se esclarecerá lo ocurrido. Las investigaciones preliminares apuntan a una posible falla o rotura en la vía como origen del descarrilamiento, aunque los expertos advierten que todas las hipótesis permanecen abiertas hasta conocer los resultados detallados.
El siniestro ha provocado conmoción en España, convirtiéndose en uno de los accidentes ferroviarios más graves de las últimas décadas. Equipos con maquinaria pesada siguen trabajando para acceder a los vagones más dañados y recuperar a posibles víctimas que permanecen atrapadas.
Mientras tanto, familiares y amigos de los pasajeros esperan noticias, con oficinas habilitadas para facilitar la identificación de las víctimas y coordinar el apoyo psicológico y sanitario para los afectados. Las operaciones ferroviarias en el corredor entre Madrid y Andalucía continuarán suspendidas hasta al menos principios de febrero.