La adolescencia es una etapa de profundos cambios físicos, emocionales y sociales. El paso de la niñez hacia la adultez no solo modifica el cuerpo, sino también la forma en que los jóvenes se relacionan con su entorno y con su propia salud. En ese proceso, el acompañamiento médico también suele cambiar: muchos adolescentes dejan de asistir al pediatra y comienzan a consultar con médicos clínicos o de familia.
La médica Brenda Vimo explicó, en una visita al programa Bien Despiertos, que este período requiere una mirada integral y un abordaje profesional que tenga en cuenta tanto los cambios biológicos como los emocionales.
“La adolescencia durante mucho tiempo fue interpretada como una etapa crítica o conflictiva. Se la veía como un momento en el que el chico era un poco niño y un poco adulto, y muchas veces solo se ponía el foco en lo rebelde que estaban”, señaló.
Sin embargo, explicó que hoy la tendencia es abordarla desde una perspectiva familiar y de acompañamiento. “El adolescente no es un niño grande ni un adulto pequeño. Está en un momento de transición donde muchas veces se siente incómodo yendo al pediatra, pero también incómodo si un médico clínico lo trata como si fuera un adulto”, indicó.
Un momento clave para la personalidad
Según Vimo, la adolescencia es una etapa decisiva en el desarrollo personal. Allí se consolidan la identidad, los vínculos y el sentido de pertenencia.
“Es un momento en el que desarrollamos nuestra personalidad, nuestro vínculo con el mundo y empezamos a elegir nuestro grupo de pares. Todo eso tiene un impacto enorme en el futuro”, explicó. Por eso, el enfoque médico debe contemplar no solo lo biológico, sino también el contexto emocional y familiar. “Hay cambios hormonales, físicos y biológicos muy importantes, pero también cambios emocionales y en los roles dentro de la familia. Todo está profundamente entrelazado”, señaló.
El impacto de las emociones en la salud
La profesional remarcó que los factores emocionales pueden influir directamente en la salud física, especialmente durante la adolescencia. “El factor emocional tiene un impacto enorme. Por ejemplo, un adolescente con un brote de acné muy fuerte puede dejar de ir a la pileta o de juntarse con amigos por vergüenza. Eso afecta su autoestima en un momento donde necesita reafirmarse”, explicó.
En ese contexto, advirtió que pueden aparecer conductas de riesgo o consumo de sustancias como forma de enfrentar inseguridades o dificultades sociales.
Por eso consideró fundamental que tanto la familia como los profesionales de la salud estén atentos a las señales tempranas. “Que un adolescente quiera estar solo en su habitación es esperable, porque forma parte de su desarrollo. Pero hay que observar hasta qué punto eso es normal y cuándo empieza a transformarse en aislamiento”, sostuvo.
Alimentación y trastornos de la conducta
Otro aspecto clave durante esta etapa es la alimentación. Los cambios físicos y la percepción del propio cuerpo pueden generar problemas vinculados a la imagen corporal. “Muchos adolescentes tienen una autopercepción distorsionada. El que quiere ser muy flaco siempre se ve gordo, y los que empiezan el gimnasio muchas veces se obsesionan con los músculos”, explicó.
En ese sentido, advirtió que durante la adolescencia pueden aparecer trastornos de la conducta alimentaria o patologías psiquiátricas que luego condicionan el resto de la vida.
Además, remarcó que los hábitos de sueño y alimentación suelen desordenarse en esta etapa, algo que puede ser esperable pero que igualmente requiere acompañamiento familiar.
Vitaminas, crecimiento y salud ósea
Durante la adolescencia también se produce uno de los momentos de mayor crecimiento del cuerpo humano. “En un año un adolescente puede crecer hasta 15 centímetros. Es un crecimiento muy rápido del hueso, pero el músculo muchas veces tarda más en desarrollarse”, explicó.
Por ese motivo es fundamental una alimentación equilibrada, rica en calcio, proteínas y vitamina D, esta última clave para la salud ósea. “La vitamina D se activa con el sol, pero hoy muchos adolescentes pasan gran parte del tiempo en interiores. Eso puede generar déficits que hay que controlar”, indicó.
Vacunas y enfermedades de transmisión sexual
Otro tema que preocupa a los profesionales es la baja en el cumplimiento de algunos esquemas de vacunación.
“Hoy vemos cada vez más personas que deciden no vacunarse incluso con vacunas del calendario que nunca estuvieron en discusión”, señaló. Sin embargo, lo que más alarma a los médicos es el aumento de enfermedades de transmisión sexual entre jóvenes. “Hoy todos saben cómo cuidarse y cómo prevenir embarazos o enfermedades. El problema no es tanto la falta de información sino la falta de conciencia”, explicó.
Un espacio propio para el adolescente
Para Vimo, uno de los aspectos más importantes es que los adolescentes tengan un espacio de consulta donde se sientan cómodos.
“El primer encuentro muchas veces es una charla. Es importante que el adolescente pueda sacarse dudas y sentirse protagonista de su propio cuidado”, afirmó.
En ese sentido, señaló que hoy es posible realizar entrevistas médicas a solas con jóvenes mayores de 14 años, aunque muchas veces se recomienda que la primera consulta incluya también a un adulto responsable.
El rol de la familia
Finalmente, la médica remarcó que el acompañamiento familiar es fundamental durante esta etapa. “Los padres tienen que consultar más y no menos. Ante una duda siempre es mejor preguntar”, sostuvo.
Y dejó una recomendación clara para atravesar este período. “En la adolescencia no se trata solo de poner límites o enojarse. Lo más importante es entender y acompañar”, concluyó.