En 1971 decidió viajar a las ruinas de Machu Picchu, Perú, en una volanta junto a tres caballos. RAFAELA NOTICIAS habló con quien contará parte de sus vivencias en la próxima Expo Rural. CONOCÉ LA HISTORIA.

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Antonio Fassi nació 1943 en Egusquiza, creció y vivió hasta 1971 en esa localidad, año en el que decidió viajar a las ruinas de Machu Picchu en una volanta junto a tres caballos, hecho que quedó reflejado en el libro "El Loco de la Volanta", donde relata todas sus vivencias. En la actualidad vive en la ciudad de Rafaela, donde se radicó en 1978, y aunque está jubilado se dedica a enseñar técnica vocal. El próximo fin de semana hará su presentación en la Expo Rural de Rafaela 2016 donde contará parte de su historia acompañado por diversos artistas que interpretarán temas musicales que el propio Fassi fue escuchando mientras viajaba y pasaba por diferentes regiones. 

RAFAELA NOTICIAS entrevistó a “El loco de la volanta” en su casa, quien contó parte de lo vivido, y de lo cual se están cumpliendo 45 años. Fassi recuerda que salió en el mes de mayo desde Egusquiza y llegó en setiembre a La Paz, Bolivia. Fue allí cuando debió abandonar la volanta porque “se le habían aflojado las ruedas”. La intención de encontrar a alguien que reparara el carruaje fue en vano, dado que según explicó Fassi, por la altura en La Paz no había caballos, y por ende tampoco volantas, por lo que nadie sabía cómo arreglarla. Como su intención era llegar a Perú de cualquier forma, dejó los caballos en un club hípico dependiente del ejército de Bolivia y contrató una excursión. De Egusquiza a La Paz, unos 2500 km, tardó 4 meses, y sólo le quedaban 300 km para llegar al Cuzco bordeando el lago Titicaca, pero el carruaje no resistió. Durante el trayecto dormía en la volanta, en la cual llevaba un colchón hecho con 6 cueros de ovejas, para mitigar las bajas temperaturas. Aunque un día en Abra Pampa, Jujuy, a unos 3600 metros de altura durmió en un calabozo que le prestó Gendarmería, ya que hacía 24 grados bajo cero. Cuenta que su preocupación principal pasaba por los caballos, por alimentarlos correctamente tres veces por día y que puedan adaptarse a las diferentes alturas. Por eso al llegar a La Quiaca paró 10 días para que los animales se aclimaten. La vuelta a su Egusquiza natal también fue en volanta: primero contrató un camión que traiga los caballos y la volanta desde La Paz (donde habían quedado) a La Quiaca, donde un gendarme que era carpintero le arregló el carro, para luego emprender el viaje en el mismo transporte en que había ido. Llegó a nuestra zona el 17 de diciembre, es decir 7 meses después de lo que había sido su despedida. Una cacerola, una pava para los mates y una parrilla era lo único que llevaba, más algo de plata. Su familia le enviaba dinero a diferentes casas de amigos o conocidos que vivían en el noroeste y que Antonio Fassi pasaba por allí a retirar. Donde también él aprovechaba a mandar cartas informando cómo estaba. “Mi familia me dijo que era un loco, y tenía razón”, asegura, aunque destaca que lo apoyaron en todo momento y que no se arrepiente de haber hecho el viaje.

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