La trampa de la “digitalización” para el adulto mayor: el descargo de Clarys Valsagna
El testimonio de Clarys Valsagna no es solo una experiencia personal. Es, como ella misma lo definió, la voz de muchos adultos mayores que viven situaciones similares y que pocas veces encuentran un espacio para ser escuchados.
Con 85 años, Clarys decidió hablar públicamente sobre lo que considera un proceso sistemático de exclusión hacia las personas mayores, tanto en el acceso a trámites como en las evaluaciones médicas vinculadas a la renovación de la licencia de conducir en Rafaela.
“Me sentí muy incómoda, y no por primera vez”, expresó al comenzar su relato. Según contó, los cambios que vivió a partir de los 79 u 80 años marcaron un antes y un después. “Yo esperaba que las cosas cambiaran, pero no es así. Y alguien tiene que decirlo”, afirmó.
Exámenes cuestionados y sensación de atropello
Uno de los ejes centrales de su reclamo apunta a las evaluaciones oftalmológicas. Clarys relató que fue sometida a pruebas que, a su entender, no cumplen con estándares adecuados ni actualizados.
“Que me pongan un cartón azul oscuro con letras negras es algo insólito. Eso no se ve”, sostuvo. También cuestionó el uso de aparatos que describió como “prehistóricos” y el hecho de que las evaluaciones no fueran realizadas por un oftalmólogo, sino por un médico general.
“Desde el primer momento me pareció un atropello”, señaló, y fue aún más contundente: “Esto es para sacarse de encima a los viejos”.
Clarys aclaró que su planteo no es un pedido de privilegios ni de concesiones indebidas. “El día que un examen serio diga que no estoy en condiciones, doy un paso al costado”, aseguró. Sin embargo, remarcó que cuenta con estudios médicos completos realizados anualmente en una clínica de alta complejidad, firmados por ocho profesionales y avalados por su director.
“Yo no digo ‘miren que veo bien’. Yo traigo estudios, hechos por especialistas con aparatos increíbles”, explicó. Aun así, se encontró con la negativa de quien la evaluaba, quien incluso contradijo esos informes. “Me sorprendió la osadía de decir que él no pensaba igual que todos los profesionales que me evalúan”, relató.
“Los deberes los tenemos todos, los derechos no”
El relato fue subiendo de tono cuando Clarys puso el foco en lo que considera una pérdida de derechos por el solo hecho de la edad. “Se supone que servimos para todo, que nos cobran hasta el último impuesto, pero cuando te pueden borrar del mapa, lo hacen”, expresó.
“Los deberes los tenés todos. Lo que no tenés es el derecho. ¿Hasta cuándo y por qué?”, se preguntó.
En ese sentido, fue clara: “Yo no quiero que me den lo que no tengo. Yo solo quiero que no me quiten lo que sí tengo”.
Manejar, autonomía y vida social
Clarys contó que maneja desde joven, desde su época de estudiante universitaria en Rosario. “Sigo siendo una muchacha, solo que con mucha juventud acumulada”, dijo con ironía.
Actualmente utiliza el auto para moverse dentro de la ciudad, hacer compras, visitar familiares y sostener su vida social. “Sin auto, la cosa se complica, y mucho”, afirmó, y agregó que no quiere depender de familiares ni “molestar a nadie”.
Aceptó sin discutir restricciones para circular por ruta, pero defendió con firmeza su derecho a seguir manejando en la ciudad mientras esté en condiciones. “Si no lo estoy, ni siquiera hace falta que me lo digan”, sostuvo.
También cuestionó las condiciones en las que se realizan algunas evaluaciones auditivas. “No hay puertas, no está cerrado, hay ruidos de todos lados. Una biometría no se puede hacer en esas condiciones”, señaló.
Digitalización: cuando el sistema excluye
El cierre de la entrevista amplió el foco hacia otro problema creciente: la digitalización de los trámites. Clarys y los conductores del programa coincidieron en que la virtualización obligatoria, los turnos online y los chatbots mal diseñados terminan excluyendo al adulto mayor.
“No todos tienen un hijo o un nieto que los ayude”, remarcaron. Y dejaron un mensaje claro: la modernización no puede borrar lo tradicional. “Lo viejo siempre funciona”, dijeron, en referencia a la necesidad de mantener canales presenciales y accesibles.
Un mensaje que busca abrir conciencia
Clarys fue enfática al aclarar que su vivencia no apunta a compararse con personas jóvenes. “Cuando tenía 20 me ponían alfombra roja”, recordó. “Yo hablo de la gente grande, del destrato, del viacrucis para conseguir un turno y del maltrato que viene después”.
Su mensaje final fue directo: pidió que la sociedad, y especialmente quienes toman decisiones, presten oído. “Esto es un problema de adultos mayores”, afirmó.
Su testimonio quedó expuesto no solo como una denuncia personal, sino como un llamado a revisar prácticas, criterios y sistemas que, bajo la excusa de la digitalización o la eficiencia, terminan dejando afuera a quienes más necesitan ser incluidos.