La Diócesis de Rafaela celebró con profunda alegría la ordenación sacerdotal de Lucas Pautasso, quien recibió el sacramento del Orden Sagrado por la imposición de manos y la oración consecratoria del obispo diocesano, Mons. Pedro Torres.
La Santa Misa tuvo lugar el jueves 30 de abril a las 20:00 en la Catedral San Rafael Arcángel, y convocó a una numerosa asamblea de fieles que acompañaron este momento significativo para la vida de la Iglesia diocesana.
Participaron de la celebración sacerdotes y diáconos de distintas comunidades parroquiales, formadores del Seminario de Santa Fe, seminaristas, compañeros de su camino de formación, así como familiares, amigos y fieles que se acercaron para compartir la alegría de esta vocación.
Monseñor Torres expresó que “todos los bautizados somos llamados a la santidad, es la primera vocación de los hijos de Dios, de los testigos”. Luego agregó: “También necesitamos convertir cómo entendemos este llamado. San Francisco decía que no se alcanza la santidad a fuerza de esfuerzo, sino adorando, abajándonos o, mejor dicho, reconociendo nuestra pobreza y pequeñez, dejándonos amar. Hay que aprender con asombro no solo a dar, sino también a recibir con generosidad. La santidad es don. El cristianismo es don. El sacerdocio es don. Nadie lo merece, nos desborda. Les ruego que no perdamos nunca la sencillez evangélica. El ministerio no nos saca del mundo: es sal, es fermento, es presencia que eleva”.
Para profundizar en este llamado, el obispo afirmó: “Somos santos por vocación, es nuestra identidad, reside en el corazón y se resume en el amor. La mediación ya no son ritos ni bondad moral, sino una persona: Jesucristo. Estamos llamados a pertenecerle a Él. Por eso, lo contrario a la santidad no es ser pecador, sino ser fracasado. No es un lujo, es una necesidad; no es un camino de éxito, sino de encarnación y Pascua que eleva amando”.
Más adelante añadió: “Este don es para los demás. Somos para los demás, como la Eucaristía. La dinámica eucarística nos enseña a ser santos: es para la alabanza, para estar con Él, para ser entregados. Estamos llamados a ser don, somos misión”.
Sobre el final de la homilía, concluyó: “Pidamos esta gracia a 65 años de vida de la diócesis: aprender de María la alabanza y el servicio; de José, el silencio. Hoy vivimos un misterio donde el Espíritu da una identidad nueva a Lucas, pero qué hermoso sería que también renueve la santidad de todos nosotros. Hoy hacen falta comunidades santas, familias santas. Hace falta confiar en lo que somos y dejar que el Espíritu actúe en el mundo”.
La ordenación de Lucas Pautasso es motivo de gratitud y esperanza para toda la diócesis, que continúa rezando por las vocaciones y acompañando a quienes responden con generosidad al llamado del Señor.