A sus 68 años, Miguel Espinosa decidió contar una historia que guardó durante décadas. Su vínculo con las fuerzas de seguridad comenzó cuando tenía apenas 12 años, en un contexto familiar atravesado por la persecución política y la necesidad económica. Según relató, en su adolescencia comenzó a frecuentar una comisaría de la ciudad, donde terminó viviendo durante varios años. Allí realizaba tareas informales como limpieza, cebar mate y hasta cumplir funciones de guardia, pese a ser menor de edad y civil. “Dormía ahí y hacía de todo un poco”, recordó. Con el paso del tiempo, ya en plena década del 70, su experiencia se cruzó con uno de los períodos más oscuros del país: la Golpe de Estado en Argentina de 1976. Espinosa aseguró haber presenciado el ingreso de personas detenidas por fuerzas militares y alojadas en condiciones precarias. “Los traían y los metían en lugares cerrados, en condiciones muy duras”, señaló. Años más tarde, ingresó al sistema penitenciario, donde continuó siendo testigo de situaciones que, según indicó, aún hoy le generan dolor. Relató traslados de detenidos en condiciones irregulares y recordó el clima de भय y control que se vivía en ese entonces. “Se veía cómo sacaban gente y después no se sabía más nada. Para mí, muchos terminaron desaparecidos”, expresó. También mencionó episodios de violencia y prácticas que definió como “muy duras”, en un contexto donde el miedo condicionaba tanto a detenidos como a quienes trabajaban dentro del sistema. Durante mucho tiempo, evitó hablar de lo vivido por temor a represalias. “No me animaba, tenía familia, hijos. El miedo estaba”, explicó. Hoy, ya jubilado, asegura sentirse en condiciones de contar su historia. “Ahora no tengo miedo”, afirmó. Su relato se suma a otras voces que buscan reconstruir lo ocurrido durante aquellos años desde distintas perspectivas.
Miguel Espinosa, vecino de Santa Fe, relató su historia desde la adolescencia en una comisaría hasta su paso por el servicio penitenciario durante la última dictadura.