El asesinato de Jeremías Monzón volvió a instalar en la agenda pública el debate por la baja de la edad de imputabilidad penal. Frente a este escenario, la Iglesia hizo oír su voz a través del sacerdote Andrés Clausen, asesor de la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Santa Fe, quien llamó a abrir un diálogo amplio, sincero y responsable.
Clausen remarcó que cualquier discusión debe partir del reconocimiento del dolor concreto de las familias atravesadas por hechos de violencia. Señaló que lo ocurrido es “aberrante” y que no se puede relativizar el valor de la vida, un principio que —sostuvo— debe estar por encima de cualquier posicionamiento político o coyuntural.
En ese marco, advirtió que no existen soluciones mágicas ni respuestas inmediatas que resuelvan un problema tan complejo. Planteó la necesidad de pensar políticas públicas a largo plazo y de evitar enfoques simplistas o populistas que se concentren únicamente en bajar la edad de imputabilidad sin analizar las causas profundas.
El sacerdote insistió en que el debate debe incluir a especialistas de distintos ámbitos, como la psicología, la sociología, la educación y la seguridad, para comprender qué recorridos y contextos llevan a niños y adolescentes a situaciones de extrema violencia. También puso el foco en el rol del Estado y en el funcionamiento de los organismos de niñez y adolescencia.
Finalmente, Clausen sostuvo que la Iglesia no pretende imponer una postura legislativa concreta, sino aportar una mirada desde el Evangelio y la doctrina social, centrada en la dignidad de la persona y el valor de toda vida humana. En ese sentido, llamó a la sociedad a no permanecer indiferente y a asumir una responsabilidad colectiva para construir respuestas que permitan vivir en comunidad, con justicia y respeto.