En el marco del Día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto, Horacio Roitman, presidente de la DAIA Santa Fe, remarcó la importancia de recordar esta fecha no solo como un ejercicio histórico, sino como una herramienta clave para construir políticas activas que combatan la discriminación, el odio y el antisemitismo en el presente.
Roitman explicó que la conmemoración, impulsada por las Naciones Unidas, reconoce a todas las víctimas del régimen nazi, incluyendo a judíos, minorías sexuales, militantes políticos, profesionales y otros colectivos perseguidos. En ese sentido, sostuvo que la memoria debe servir para reflexionar sobre las prácticas actuales y prevenir la repetición de hechos de violencia y exclusión.
El titular de la DAIA advirtió sobre un crecimiento sostenido de los incidentes antisemitas a nivel mundial, con episodios graves ocurridos en distintos países y un aumento exponencial de discursos de odio. “Hoy, en muchos lugares del mundo, identificarse como judío vuelve a ser un problema”, señaló, al trazar un paralelismo con prácticas de estigmatización del pasado.
Asimismo, atribuyó parte de este fenómeno a una falla en la transmisión de la memoria histórica, especialmente entre las nuevas generaciones. Indicó que han pasado cuatro generaciones desde el Holocausto y que el desconocimiento sobre lo ocurrido facilita la proliferación de prejuicios. En ese contexto, mencionó encuestas internacionales que reflejan un bajo nivel de conocimiento sobre el genocidio y lo comparó con la falta de conciencia sobre otros hechos históricos recientes.
En el plano local, el dirigente reveló que durante la última edición de la Fiesta de las Colectividades en Santa Fe se registró un intento de escrache contra el stand de la comunidad judía, situación que fue contenida por fuerzas de seguridad. Episodios similares también se dieron en Rosario, lo que para Roitman constituye una señal de alerta sobre un problema que atraviesa a toda la sociedad.
Asimismo, manifestó su preocupación por el rol de las redes sociales y algunos discursos públicos que, aun sin mala fe, pueden encender climas de hostilidad difíciles de revertir. “Una vez que se instala una idea falsa, es muy complejo desactivarla”, advirtió.