El intendente de Santa Fe repasó el impacto del COVID-19 a seis años del inicio del aislamiento y destacó el rol del sistema público, la organización hospitalaria y el compromiso del personal sanitario.

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A seis años del inicio del aislamiento por la pandemia de COVID-19 en Argentina, el intendente de la ciudad de Santa Fe, Juan Pablo Poletti, realizó una profunda reflexión sobre aquellos meses críticos, atravesados por el miedo, la incertidumbre y la necesidad de tomar decisiones en un contexto desconocido. “Fue un momento muy duro, donde todos tuvimos miedo a morirnos. Había temor a lo desconocido y veíamos lo que pasaba en Europa, lo que generaba aún más preocupación”, recordó.

Poletti, quien durante la pandemia se desempeñaba como director del Hospital José María Cullen, explicó que uno de los mayores desafíos fue reorganizar completamente el sistema de atención para poder responder a una demanda inédita. En ese sentido, señaló que debieron “armar dos hospitales dentro de uno”, diferenciando los circuitos para pacientes COVID y no COVID, ya que las urgencias habituales —como infartos, cesáreas o apendicitis— continuaban mientras se sumaban los casos de coronavirus. Además, destacó que en la capital santafesina se tomó la decisión de centralizar la atención de los casos COVID en el sistema público, lo que implicó una fuerte exigencia operativa.

En ese contexto, una de las medidas más significativas fue la instalación de una carpa sanitaria frente al hospital, una estrategia que en su momento generó debate pero que, según el actual intendente, resultó clave para la gestión de la crisis. “Nos permitió evitar víctimas y administrar los recursos, ya que no tuvimos que pagar una sola cama privada durante toda la pandemia”, afirmó. También valoró el acompañamiento político del entonces gobernador Omar Perotti y de la ministra de Salud, al respaldar una iniciativa que surgió desde el propio hospital y que luego fue replicada en otras ciudades del país.

Durante los momentos más críticos, el sistema sanitario llegó a expandirse de manera exponencial. El hospital pasó de contar con una unidad de terapia intensiva a tener siete, quintuplicando la capacidad de camas críticas y alcanzando niveles de ocupación cercanos al 70% durante más de dos meses. “Inventamos todo sobre la marcha: terapias, coronarias, protocolos, incluso un hospital ambulante”, remarcó, quien también recordó que se reorganizaron quirófanos, salas de parto y diferentes áreas para adaptarse a la emergencia.

El intendente hizo especial hincapié en el rol del personal sanitario, al que definió como el verdadero sostén del sistema en ese contexto. “Se empezó a hablar de equipo de salud, no solo de médicos y enfermeros. Desde el camillero hasta el personal de limpieza, todos formaron parte”, sostuvo. En ese sentido, evocó el miedo que atravesaban los trabajadores, tanto por la incertidumbre como por el riesgo de contagiar a sus familias. “Había gente que lloraba, no porque no quisiera trabajar, sino porque tenía miedo. Y aun así estuvieron”, expresó.

También compartió cómo esa situación impactaba en la vida cotidiana fuera del hospital. “Llegábamos a nuestras casas y tomábamos todas las medidas posibles para no contagiar a la familia. Era una preocupación constante”, relató, al tiempo que recordó que durante más de un año trabajaron sin descanso, con reuniones diarias para anticipar escenarios y definir estrategias.

A modo de balance, Poletti describió una “doble sensación”: por un lado, el dolor por lo vivido y la incertidumbre que marcó aquellos días; por otro, el orgullo por la respuesta del sistema de salud pública. “Fue una experiencia que no me gustaría volver a pasar, pero que dejó enseñanzas muy importantes”, afirmó, y concluyó con un reconocimiento al esfuerzo colectivo: “Hoy lo recuerdo con emoción, pero también con un profundo agradecimiento a todo el personal de salud”.

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