Argentina atraviesa un cambio profundo en sus patrones reproductivos, con una caída sostenida de la natalidad en la última década y una tendencia creciente a postergar la maternidad. Según datos oficiales, en 2023 se registraron 460.902 nacimientos, lo que representa una disminución del 48% en comparación con el año 2000. Este descenso se mantiene de forma continua y es especialmente marcado en la población adolescente, donde la tasa de fecundidad cayó un 64% desde 2005. El fenómeno responde a transformaciones culturales, sociales y económicas. El mayor acceso a métodos anticonceptivos, el crecimiento de la participación femenina en el ámbito laboral y el acceso a la educación han modificado las decisiones sobre cuándo y si tener hijos. Actualmente, la tasa de fecundidad se ubica en torno a 1,6 hijos por mujer, un nivel por debajo del necesario para el reemplazo poblacional, lo que también plantea desafíos a futuro en términos sociales y previsionales. En este contexto, la postergación de la maternidad se vuelve cada vez más frecuente. El Agustín Pasqualini explicó que se trata de un cambio de paradigma: hoy muchas mujeres priorizan su desarrollo personal y profesional antes de tomar la decisión de ser madres. Sin embargo, esta elección convive con un límite biológico, ya que la fertilidad femenina comienza a disminuir a partir de los 30 años, con un descenso más pronunciado luego de los 35 y una caída significativa a los 40. Frente a esta realidad, la criopreservación de óvulos se consolida como una alternativa cada vez más elegida. Esta técnica permite extraer y congelar óvulos a temperaturas extremadamente bajas para preservar su calidad y utilizarlos en el futuro mediante fertilización asistida. La Andrea Divita señaló que su principal objetivo es conservar la posibilidad de lograr un embarazo con óvulos propios cuando la fertilidad natural haya disminuido. Además de la postergación voluntaria, esta práctica también se utiliza en situaciones médicas que pueden afectar la fertilidad, como tratamientos oncológicos, cirugías ováricas, enfermedades como la endometriosis o trastornos autoinmunes. En estos casos, la técnica permite anticiparse a posibles dificultades reproductivas. Los especialistas coinciden en que uno de los principales desafíos es mejorar el acceso a la información. Muchas personas desconocen su estado de fertilidad o las herramientas disponibles hasta etapas en las que las posibilidades son más limitadas. En este sentido, remarcan la importancia de incorporar el tema en las consultas ginecológicas de rutina. En un escenario donde las decisiones reproductivas son cada vez más diversas y conscientes, la criopreservación aparece como una herramienta que amplía las opciones y permite que la maternidad no dependa exclusivamente del tiempo biológico, sino también de la elección personal.