La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, dejó un saldo de víctimas considerablemente mayor al informado en las primeras horas. De acuerdo con datos citados por The New York Times y confirmaciones posteriores de funcionarios venezolanos, el número de fallecidos oscila entre 40 y al menos 80 personas, entre civiles y miembros de las fuerzas armadas.
El operativo se desarrolló durante la madrugada del sábado e incluyó ataques aéreos sobre objetivos militares estratégicos, principalmente en Caracas y zonas costeras. Una de las áreas más afectadas fue el entorno de la base aérea de La Carlota, donde se registraron explosiones, incendios y la destrucción de vehículos militares. También se reportaron daños en zonas residenciales, con víctimas civiles.
Desde el gobierno venezolano, la vicepresidenta Delcy Rodríguez reconoció la existencia de muertos y heridos, aunque sin precisar cifras oficiales. Más tarde, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, admitió que una parte significativa del anillo de seguridad presidencial fue “neutralizado” durante la incursión.
Según trascendió, la operación —preparada durante meses— combinó inteligencia encubierta, ataques a sistemas de defensa aérea y una extracción nocturna ejecutada por fuerzas especiales estadounidenses. El propio presidente Donald Trump confirmó que hubo militares norteamericanos heridos, aunque negó bajas fatales del lado estadounidense.
Maduro fue trasladado primero a una base militar y luego a Nueva York, donde quedará bajo custodia a la espera de un proceso judicial. Mientras tanto, el impacto político y humanitario del operativo sigue generando repercusiones dentro y fuera de Venezuela, con cuestionamientos sobre su legalidad y el futuro institucional del país.