La designación de un general como ministro de Defensa reavivó la discusión sobre el “control civil” de las Fuerzas Armadas. El Gobierno sostiene que es un gesto de confianza y un reconocimiento al papel que hoy cumplen.

Seguir en

La confirmación de que un general ocupará el Ministerio de Defensa no tomó por sorpresa al círculo cercano de las Fuerzas Armadas. Tras un período marcado por un ministro de alta exposición y fuerte presencia en los cuarteles, el presidente Javier Milei optó por un giro que, para su entorno, era la consecuencia natural de la política militar que viene impulsando desde el inicio de su gestión.

Desde la oposición, algunas voces reaccionaron rápidamente denunciando una supuesta ruptura de la “tradición” del control civil sobre las Fuerzas Armadas. Sin embargo, desde la Casa Rosada remarcan que el Gobierno continúa siendo civil y que el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas es, por Constitución, el propio Presidente de la Nación. Para el oficialismo, las críticas buscan reinstalar viejas imágenes ligadas únicamente a la última dictadura y a un riesgo que consideran inexistente en el presente.

El debate omitió, según señalan desde el entorno militar, que muchos de los dirigentes que impulsaron decretos de aniquilamiento o que protagonizaron pactos con potencias extranjeras estuvieron lejos de un verdadero control civil responsable, e incluso algunos ocuparon cargos de alta relevancia o cobran importantes jubilaciones.

En contraste, el Gobierno reivindica el trato que Milei dispensa desde el primer día a los efectivos del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea, a quienes define como herederos de figuras históricas como San Martín, Belgrano, Brown, Jorge Newbery y los veteranos de Malvinas. En un país donde las Fuerzas Armadas encabezan las encuestas de confianza pública, el oficialismo considera incoherente continuar con políticas que —según su visión— las “humillaron y ocultaron” durante décadas.

El reconocimiento social no surge de percepciones aisladas, sino de hechos concretos: participación en misiones de paz, presencia permanente en la Antártida, asistencia durante pandemias y catástrofes, apoyo tecnológico ante el narcotráfico y un profesionalismo sostenido en cada crisis. Ese trabajo conjunto entre civiles y militares es, para el Gobierno, la base de la confianza que hoy exhiben.

En un escenario internacional marcado por tensiones crecientes, en la Casa Rosada sostienen que limitar la participación militar a discursos supervisados resulta anacrónico. Más aún cuando quienes ocupan roles estratégicos poseen altos niveles de formación académica y profesional. Por eso, consideran natural que un militar con más de cuatro décadas de trayectoria asuma la conducción del área.

 

Con la mitad del mandato cumplida, y tras recuperar capacidades como la supersónica, impulsar la submarina y modernizar equipamiento terrestre, Milei decidió dar una señal contundente: devolverles a los militares la oportunidad de demostrar que no son la amenaza que ciertos sectores presentan, sino actores clave para fortalecer la política de Defensa del siglo XXI. El desafío, aseguran fuentes oficiales, será consolidar las herramientas materiales para sostener ese liderazgo, siempre dentro de la ley.

Seguí las noticias de Radio Mitre Santa Fe en Google News Seguinos en Google News