Tras más de 50 años de trabajo ininterrumpido, una histórica zapatería del centro de Rafaela ubicada en la segunda cuadra de calle Belgrano atraviesa sus últimos días. Marta, su propietaria, habló con Rafaela Noticias y relató la historia del comercio familiar, los motivos que la llevaron a tomar la decisión de cerrar y las emociones encontradas que acompañan el final de una etapa marcada por el esfuerzo, la constancia y la tradición. “Esto no empezó conmigo, lo empezó mi papá, incluso antes de que yo naciera, arreglando calzados”, recordó Marta, al repasar los orígenes del negocio que nació de manera humilde, en un pequeño pasillo de calle Colón al 200, donde su padre se dedicaba exclusivamente a la reparación de zapatos. Según relató, fue allí donde surgió de manera casi casual la venta de calzado, cuando un viajante de Córdoba le dejó algunos pares en consignación. “Le dejó ocho pares, y si no los vendía se los llevaba de vuelta. Los vendió todos y así empezó todo”, contó. Una vida entera detrás del mostrador         Marta comenzó a trabajar en la zapatería a los 14 años. Hoy, con 71, asegura que lleva 57 años de su vida vinculada al comercio. “Fue toda mi vida. Estuvo mi mamá, mi marido, tuvimos empleados que trabajaron más de 20 años con nosotros”, señaló. El negocio pasó por distintos locales de calle Colón, hasta que en 1991 se trasladó al salón actual. El nombre del comercio, contó, tiene una razón simple y profundamente familiar: “Lo puso por mí. Soy hija única, así que no había mucho para elegir”. Durante décadas, el local combinó la venta de calzado con un comercio de ropa, actividad que Marta mantuvo durante 30 años, hasta que, tras el fallecimiento de su padre y luego de su esposo, decidió concentrarse únicamente en la zapatería. La inseguridad como punto de quiebre Si bien la decisión venía siendo evaluada desde hacía tiempo, Marta reconoció que la inseguridad fue el factor decisivo. En diálogo con Rafaela Noticias, relató episodios que la marcaron profundamente. “Hace unos meses rompieron la vidriera y robaron. Gracias a Dios yo no estaba, pero todo eso te va desgastando”, explicó. A eso se sumaron situaciones reiteradas de personas durmiendo en el frente del local y el temor creciente a trabajar sola. “Hoy trabajo con miedo. Tengo que trabajar con la puerta cerrada y con llave, y no es una forma que me guste. Yo vengo de otra generación, no me gusta que alguien tenga que golpear para entrar”, expresó. Si bien destacó el accionar policial, reconoció las limitaciones legales: “No es delito, es contravención. Las detenciones son por horas. Yo entiendo que la policía actúa según la ley, pero el miedo igual queda”. Rafaela 2 de Febrero de 2026 De estacionamiento a “ranchada”: preocupación en Tribunales tras la feria judicial             Liquidación final y cierre La propietaria confirmó que ya comenzó con la liquidación total, que se extenderá aproximadamente hasta mediados de marzo, con el objetivo de finalizar la actividad comercial. “Siempre en enero hacíamos liquidación por el aniversario del negocio, era una costumbre de 30 o 40 años. Ahora esto es distinto, es el cierre”, explicó. Sobre el futuro del local, indicó que el inmueble pertenece a su madre y que, una vez finalizada la etapa comercial, se evaluará si se refacciona para uso familiar o alquiler. “Ahora estoy un poco aturdida, es una decisión que me costó mucho tomar”, reconoció. Rafaela 2 de Febrero de 2026 Un profesor de una escuelita barrial cobraba de manera ilegal una cuota a las familias             Emociones encontradas y el final de una etapa Marta no ocultó la carga emocional que implica el cierre. “No me alegra. Sé que voy a extrañar. Siempre tuve horarios, rutinas. Ahora voy a ver cómo es estar en casa”, dijo. Sin embargo, también expresó una mirada serena sobre el paso del tiempo: “Nada es para toda la vida. Ya se cumplió ese ciclo”. Antes de despedirse, agradeció el acompañamiento de la comunidad y la repercusión inesperada que tuvo la noticia. “No esperaba que se difundiera tanto. Ojalá la última etapa sea más animada”, concluyó. Marta Cena, comerciante rafaelina